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25 marzo 2008

La Moda de los chinos

ADVERTENCIA:
Este post contiene datos que pueden ser considerados por algún lector como un tanto frívolos, dado el tema a tratar en cuestión. Así que se recomienda a todo aquél que espere encontrar un post de temática trascendental para la humanidad o similar, que no siga leyendo. Normalmente, me gusta tratar ese tipo de post, para reflexionar un poco sobre cierta cosas que me despiertan interés pero hoy, simplemente, no me apetecía...

Dicho esto, empezamos...

Desde siempre me ha gustado la moda. Como no tengo ningún vicio, cada vez que se me ha antojado algo y siempre que me lo he podido permitir, claro está, me he comprado lo que he querido.

Es curioso que, desde hace un tiempo, se han puesto de moda las tiendas de chinos, en las que venden ropa super barata. Está claro que la calidad de estas prendas no es superior, probablemente, no es ropa que vaya a durarte media vida, como sucede con la ropa de buena calidad que, lógicamente, es mucho más cara.

Pero de lo que no me cabe duda es que la ropa de los chinos te da perfectamente el avío para una temporada o dos, incluso para más si se es cuidadoso. Lo cual es una ventaja dados los vertiginosos cambios propios de la moda, donde lo que se lleva una temporada, está anticuado a la siguiente.

Cierto es que buena parte de la colección que ofrecen es un tanto hortera y no es que lo compre mucha gente (ropa “cani” que lo llamamos por el sur), pero si una rebusca un poco encuentra gangas de lo más apañadas.

Como sabéis, ésta soy yo. Iba de boda. De bodas de plata para más exactitud. Pues bien, la falda que llevaba, me la compré en un chino por 14 euros. Bordados y pedrería incluidos. Y más de una me preguntó que dónde me la había comprado, que qué mona, bla, bla, bla...

En esta otra foto: la blusa. 10 euros. También de un chino. Y muy mona también, no? (aquí me lo digo todo yo, jajaja...). Quién dice que falda no podía se
r perfectamente de El Corte Inglés y haber costado tres veces más? De hecho, tengo una muy parecida (imposible poner foto, porque no tengo la falda en casa) de allí y que me costó mucho más de 14 euros; y ésta del chino da el pego la mar de bien. Y quién dice que la blusa no podía ser de Zara, costar el doble y ser igual de mona...

Y como eso, más cosas. Por ejemplo los complementos. Los pendientes verdes me costaron 2 euros, repito, ¡2 euros! y los de nácar blanco, 5. Y, por l
a gloria de mi madre, jarrrrrl, esos mismos los he visto yo en tiendas especializadas de bisutería por 18 ó 20, incluso po mucho más (aún recuerdo ciertos pendientes rojos... ayssss moniiiiiiiísimos, sí, pero valían 60 pavos, madre del amor hermoso...Ovbiamente, se quedaron en el escaparate...)

O este bolso, que me lo compré para una boda que tengo dentro de poco. Este bolso de fiesta valía 10 euros y, para más Inri, me costó 6 porque estaba rebajado (en los chinos tambi
én hay rebajas en enero..). Y en las tiendas “pitis”, por ejemplo, “Elena Bernal” te puede costar mucho más.

Pues sí, todas estas cosas las he comprado en los chinos. Yo siempre digo que son prendas de firma. Moda de los diseñadores “Victorio & Mi-chino” (mi chino, porque siempre compro en el chino de debajo de mi casa).

No debería ser yo quien lo dijera, pero lo voy a decir, jajaja... Considero que tengo buen gusto a la hora de vestir, siempre voy muy conjuntada y no suele faltarme un perejil, jajaja... Cuando dicen que para tener estilo hay que tener mucho dinero yo no estoy de acuerdo. ¡Qué va, qué va! Con estilo o elegancia se nace. O se tiene o no se tiene. El secreto está en saber llevarlo puesto, en saber estar. Si no que le pregunten a la Duquesa de Alba o a la baronesa Thyssen. A cual más rica y a cual con menos gusto para vestir. Y para peinarse, dicho sea de paso... Porque vaya los pelitos que me llevan siempre las dos... supongo que van al mismo peluquero que
Eva Hache ...

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18 febrero 2008

Buscando a ciegas...

Hace algunos días, fui al chino de enfrente de mi casa a comprar algo. Curiosamente, no sabía qué era lo que iba buscando. Buscaba algo que necesitaba comprar. Pero no sabía qué.

Tenía un calendario de mi pequeña princesita y resultó que la idea que tenía de ponerlo en la caja de un cd a modo de portafotos no servía porque no cabían todas las tarjetas. Así que bajé a la tienda a ver si encontraba algo donde ponerlo. Después de recorrer toda la tienda buscando, se me ocurrió que un soporte para platos me podría dar el avío; y así fue, quedó perfecto. Casi siempre hay un roto para un descosido.


Seguro que todos nos hemos visto en más de una ocasión buscando algo sin saber qué; desde ir a hacer la comprar sin saber qué alimentos necesitabas porque no habías hecho una lista en casa, hasta ir a buscar un regalo para alguien sin tener la más remota idea de qué le comprarías finalmente. Probablemente, esta anécdota sin importancia habría transcurrido sin más si no me hubiera hecho pensar un poco sobre el tema.

Desde siempre, el hombre ha estado en continua búsqueda de cosas. Los romanos, los griegos.. buscaban otros imperios que conquistar, Cristóbal Colón buscaba Nuevos Mundos. Los piratas buscaban oro y grandes tesoros, los conquistadores españoles se pasaron media vida buscando El Dorado. Los artistas, nuevos estilos en sus obras y los científicos nuevos descubrimientos que venzan las grandes enfermedades. Y es que el hombre vive en una búsqueda constante. Busca amor, comprensión, felicidad, verdad, cariño, amigos, estabilidad laboral, ilusiones, calidad de vida, compañía, soledad... Busca un sinfín de cosas.

Esto se refleja también en el cine... Indiana Jones buscaba el arca perdida, Nicolas Cage en “La búsqueda” buscaba el legendario Tesoro de los Caballeros Templarios, Marlin se pasó casi la película entera buscando a Nemo. En los Goonies, aquella pandilla de chavales también buscaban un tesoro perdido. Will Smith en “En busca de la felicidad” lucha ante la adversidad en su búsqueda por hacer realidad su sueño de una vida mejor para su hijo y él. Y más películas que se me ocurren –En busca del valle encantado, Piratas del Caribe, Ice Age...- con el mismo fin, la búsqueda de algo.


En cierta medida, de un tiempo a esta parte, yo también tengo la sensación de estar buscando algo, pero sin saber qué. Buscando a ciegas. Pero claro, si no sé a ciencia cierta qué es lo que busco, lógicamente, esa búsqueda se complica, por no saber qué buscar ni dónde buscarlo. No sé si debo buscar fuera o dentro de mí; si busco encontrar algo o, quizá, reencontrarme conmigo misma.

O, tal vez, en el fondo, muy en el fondo, sí lo sepa y, simplemente, lo que no sé es cómo encontrarlo...

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