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19 enero 2010

Las Habitaciones de Hospital No Son Cafeterías...


Hace mucho que no hago ninguna crítica en mi blog. Es increíble la poca consideración que tiene muchísima gente. Y me explico... Parece ser que hay personas que cuando van a visitar a un enfermo al hospital se creen que están en una cafetería.

Muy recientemente, he pasado varios días acompañando a mi madre en el hospital y me he quedado alucinada con el poco respeto que se tiene hacia los enfermos y también con el poco empeño que pone el propio hospital para que sus pasillos y habitaciones dejen de ser un continuo ir y venir de gente que va a visitar a los pacientes.

Al ingresar en el hospital, te dan un pase de acompañante y otro de visitante, con el que sólo puede entrar una persona puesto que, oficial y supuestamente, en las habitaciones sólo puede haber dos personas por enfermo. Pues bien, en siete días, yo no he visto pedir el pase a ninguna de las cientos de personas que diariamente entran y salen del hospital.

En consecuencia, los enfermos reciben todas las visitas que se encarte que, por supuesto, siempre son muchas porque, al menos, en el sur, la gente es “mu cumplía”. Ésta es otra de las cosas que me cuesta entender...

Hay visitas que van a verte al día siguiente de que te hayan operado o, incluso, ese mismo día. A ver, señores, ¿cómo se puede tener tan poca idea? ¿Tan difícil es entender que de lo que menos ganas tiene una persona que está recién operada (y que, por tanto, aún está medio atontada por la anestesia, probablemente, con una fatiga continua y dolorida por todos sitios) es que vayan a verla? Y entiéndase “verla” como sinónimo de “molestarte, marearte, ponerte nerviosa y similares”...

Pues no, parece ser que hay gente que eso no lo tiene en cuenta, así que, allí que se planta cuanto antes a visitarte. Y cuando llega, te pone el bolso y el abrigo en el filito de la cama, o se apoya en ella y te la mueve (y al moverte con cierta brusquedad, te da un latigazo la herida), y te marean porque hay cuatro ó cinco personas alrededor de tu cama, y te ponen la cabeza tarumba porque como el enfermo no está para mucha conversación, pues las visitas se ponen a hablar entre ellas (a tu vera) y, sin darse cuenta, cada vez van subiendo más y más el tono de voz y, lógicamente, el aumento del volumen del jaleo que hay en la habitación es directamente proporcional al mareo del enfermo que, poco a poco, se va poniendo más nervioso porque como no tiene bastante por estar fastidiado con el post-operatorio, encima tiene que aguantar todas estas incomodidades que generan las visitas.

Por supuesto que es de agradecer que la gente se interese por tu estado de salud y por cómo te encuentras después de una operación pero, bueno, tampoco pasa nada por que te enteres de cómo ha ido todo llamando a los familiares, que la visita no es imprescindible. Que de seguro el enfermo no se va a enfadar porque no vayas a verlo y no le lleves bombones...

Mi padre ha trabajado en un hospital más de treinta años y dice que esto antes no era así. Antes el tema de las visitas estaba mucho más controlado. Había un horario de visitas (actualmente, también lo hay –de 16’00 a 20’00- aunque nadie lo sepa ni lo cumpla...) durante el cual, sólo podía haber una visita (y el acompañante) por cada enfermo y cuando se acababa la hora de visitas, pasaba un celador o una enfermera para echar a todo el mundo de las habitaciones. Y no había más que hablar. Pero empezaron a ser cada vez más y más flexibles y (muy desacertadamente) dejaron de proceder de esta manera. Con lo cual, entre tus visitas y las del paciente de la cama de al lado porque, por supuesto, las habitaciones son compartidas, pues eso, que hay momentos del día en que las habitaciones de hospital se parecen más a una cafetería que a una habitación de hospital.

Lo de las llamadas es otra... Tampoco entiendo cómo la gente puede llamar y llamar, sin importar la hora que sea. Ah claro, será que como el paciente va a estar en la habitación de todas formas...

Por la cama de al lado han pasado tres personas y la segunda de ellas fue tremenda. Ella, todos los que vinieron a verla o a acompañarla y todos los que la estuvieron llamando entre las tres y las cinco de la tarde al teléfono de la habitación (Si no me levanté a coger el puto teléfono diez veces, no me levanté ninguna! Me pregunto cómo se puede tener tan poco decoro para llamar a esas horas en las que, lo más probable es que los enfermos – y también sus acompañantes, que están reventados de llevar horas y horas en un incómodo sillón- se hayan quedado dormidos un ratito!). Menos mal que sólo estuvo un día y medio porque, ¡vaya tela...! Lo malo es que fue justo en las 48 horas posteriores a la operación de mi madre, es decir, las peores.

¡Yo es que alucinaba con la mujer! Era la típica que se cree que es graciosa y tiene la gracia en la punta del pie, la típica que cuando habla quiere que todo el mundo esté pendiente de ella. La mujer, que se sometía a una intervención leve (sólo con epidural y por láser), la subieron a la habitación después de su intervención y, como se encontraba muy bien, venía hablando por el móvil. Debía haberse quedado pegada a él porque no lo soltó en toda la tarde; también lo alternaba con el teléfono de la habitación y, a veces, incluso hablaba con los dos a la vez, uno por cada oreja. ¡Una pasada! Y me parece genial que tuviera tanta gente que la quiera y se preocupara por ella pero, joder, ten un poquito de consideración con la paciente que está a tu lado, que tú te encuentras fenomenal pero ella quizá no se encuentra tan bien como tú, no? Llegó un momento en que tuve que llamarle la atención y decírselo porque es que era ya un descaro el jaleo que tenía charlando con sus dos hijas, que estaban allí con ella y con una visita. A partir de ese momento, ya medio se comportó el resto del tiempo que estuvo en la habitación pero, eso, que menos mal que se fue pronto porque vaya petarda de tía...

Así que, si ya de por sí solía ser bastante respetuosa cada vez que he ido a ver a alguien a un hospital y si ya de por sí me abstenía de ir a verlo los primeros días, que son los que más fastidiado está el paciente, pues ahora que lo he vivido desde el otro lado, mucho más.

No sé si esta crítica servirá para algo más que mi propio desahogo pues no es que la vayan a leer mil personas pero, al menos, seguro que a más de uno de vosotros os hará pararos a pensarlo por un momento.

Por último, quería decir una cosa. Preferiría que los comentarios no se centraran en lo que este post tiene de personal sino en la crítica que hago. Mi madre, bien, gracias :) (que sé que me vais a preguntar), ya está en casa recuperándose.

Intentaré ir contestando a ratitos que vaya sacando, que este mes tengo mucho curro y poco tiempo para bloguear aquí y en vuestros blogs.

22 febrero 2008

Peleas



Hace un par de días, lo de “flipar en colores” se quedó corto con algo que vi desde mi balcón.

Estaba yo tan tranquila en la oficina cuando, de repente, me pareció escuchar unos gritos. Me asomé aprisa al balcón para ver qué pasaba en la calle.

Desde hace un par de meses aproximadamente, a una pandilla de chavales y chavalas les ha dado por ponerse todas las tardes en unas escalerillas de un bloque de pisos de al lado de mi casa. Y os preguntaréis que “para hacer qué”.. Yo diría que, básicamente, para hacer el imbecil, perder el tiempo y, de camino, empezar a echarse a perder ellos mismos poquito a poco (si es que acaso no lo han hecho ya...) fumando porros y bebiendo cervezas o lo que sea toda la santa tarde...

Bien, pues parece ser que el otro día uno de ellos empezó a vacilar a otro, con una novia de por medio (esto por lo que pude deducir de lo que escuchaba) y, claro, empezaron a encenderse cada vez más, cada vez más, hasta que empezaron a liarse a mamporros unos con otros.

No os podéis imaginar la cantidad de barbaridades que soltaban por esa boca todos. Por un lado, los tíos yendo los unos por los otros, por otro lado, las tías intentando apaciguar a los tíos (dicho sea de paso, a base de palabrotas también). Así que, entre unos y otras, por lo menos eran 12 ó 14.

En esto, que uno de ellos, se va para la moto de uno, la tira al suelo, empieza a darle patadas, etc.. Y a partir de ahí, es cuando empecé a flipar sobremanera con lo que a continuación pasó...

El dueño de la moto se va flechado para la acera de enfrente, donde había otro de ellos, parado en una moto. Hecho un energúmeno, saca de la moto una cadena (con los eslabones más gordos que Falete), se arremanga el jersey, se relía la cadena en la mano y, fuera de sí, se va para el que le había tirado la moto al suelo. Os aseguro que escuchar el ruido de la cadena arrastrando por el suelo y los gritos del tío soltando todo lo que soltó por esa boquita, hasta ponía los pelos de punta...

A partir de ahí, los movimientos fueron tan rápidos que casi ni me dio tiempo a verlo, y la siguiente escena que veo es la siguiente...

Uno con la cadena, otro con una barra de hierro, que no sé de dónde porras salió, pero salió, otro cogiendo sillas del bar para lanzarlas, y tres ó cuatro navajas, que no os digo nada los pedazos de cuchillacos que eran! Unos corriendo detrás de otros, algunos intentando separarlos, las niñatas pegando gritos, la gente que transitaba la calle que, en ese momento era mucha (pues hay una cafetería con mesas en la calle, una academia de inglés, y esto justo coincidió con la hora de salida de los críos, comercios, etc..), sin saber bien qué hacer, intentando quitarse de en medio rápidamente, algunos corriendo asustados, otros parados presenciando el “espectáculo” y un par de muchachos intentando ayudar a parar la pelea (locura por su parte, por cierto..). A todo esto, que no lo he mencionado, con el peligro añadido de los coches circulando por la calzada, que casi atropellan a uno, porque claro, estaban como para ponerse a mirar si estaba en rojo o no el semáforo, mientras se peleaban, corrían y demás...

Yo lo estaba viendo desde un tercer piso, así que tenía una visión global de todo; es que parecía de película, pero no, era real, estaba pasando; y debajo de mi casa, que es un buen barrio y tranquilo, ¡qué fuerte! Absolutamente atónitos, mi tío y yo contemplábamos desde las alturas cómo en un par de minutos aquello se había convertido en poco menos que una batalla campal. Yo cuando vi a uno de ellos ir hacia uno con una navaja en cada mano y al otro con la barra de hierro, me eché las manos a la cabeza. “Dios mío, la que se va a liar aquí! Que se van a desgraciar la vida!”, pensé.

Por supuesto, eché mano al teléfono para llamar a la Policía. “En estos momentos no le podemos atender. Todas nuestras líneas están ocupadas. Inténtelo de nuevo pasados unos minutos. Gracias”. Volví a llamar. La misma respuesta. ¿Cómo? ¿Me lo puede repetir? Sin comentarios...

Como vi que en la calle había gente llamando también, ya no insistí más. Afortunadamente, enseguida llegaron dos coches de la poli. Un par de chavales se percataron y avisaron a los demás, y algunos salieron pitando en la moto. Uno de los coches, salió tras de ellos, que ya no sé si los cogerían o no. Y el otro, se quedó allí. Estuvieron haciendo preguntas y se llevaron a unos cuantos. Y bueno, ya del resto de la historia no me enteré. Supongo que, quizá, llamaran a los padres y, seguramente, en pocas horas los soltarían a todos y poco más.

Y ahora a mi ,se me vienen varias reflexiones a la cabeza.

La primera de ellas es que aún no entiendo qué es lo que les sucede a los hombres que no son capaces de tragarse ese orgullo masculino que le sale hasta por las orejas y que les lleva a ir encendiéndose, encendiéndose, hasta que se les infla la vena de tal manera que no pueden más que liarse a puñetazos con el otro; y que hace que, en vez de llevarse un desplante, una vacilada, o lo que sea, además, se lleven una manta de palos que puede que acabe hasta en una desgracia.

Las edades de los susodichos rondaban entre los 15-16 años y los 20-21. Me parece increíble que, a edades tan tempranas, la juventud tenga tan perdido el norte como, obviamente, lo tienen esta panda de niñatos insensatos. Por lo que me he enterado, la mayoría son del barrio, y estudian (mejor lo entrecomillo: “estudian”) en un buen colegio. Precisamente, en el que estudié yo.

Eso me lleva a pensar que a qué están jugando los padres de todos ellos. ¿Es que no les echan cuenta porque están todo el día trabajando? ¿No se han preocupado de educar a sus hijos dentro de los valores mínimos que considero que toda persona debería tener? ¿los han dado por perdidos directamente? ¿es que como lo tienen todo, están hartos de todo y no valoran nada ni lo que cuesta conseguir las cosas por uno mismo? ¿Si a esas edades ya están a base de porritos y alcohol a diario, qué van a dejar para cuando tengan diez o quince años más? ¿ingresar en una clínica de desintoxicación? ¿qué futuro les espera, estar tirados, sin sentar cabeza nunca? O acabar entre rejas porque un día cualquiera su furia llegue a más y le metan un navajazo a alguien y se lo carguen?

Me sorprendió especialmente una cosa... La agresividad y la rabia tan grandísima que llevaban dentro y que, en el momento en que les saltó el “botón de arranque”, empezaron a descargar de esa forma tan bestial. Se me quedaron grabadas frases como éstas... “¡Me cago en to tús muertos, que te voy a rajar, me cago en Dios!” “¡Tú no sabes lo que has hecho, te has buscado la ruina. ¡Y tú también! ¡Porque yo os juro que os mato!”, “¡A ver si tienes cojones de venir mañana aquí, que te voy a matar, tú no sabes con quién estás hablando, hijo de puta! Te has buscado la ruina!”, etc, etc, etc...

¿Cómo es posible que personas que ni siquiera han cumplido la mayoría de edad algunas de ellas vivan con ese grado de violencia en su interior y pululando a su alrededor? ¿es que para ellos eso es “lo normal”? ¿Quién tiene la culpa de esto? ¿Cómo se puede tener tan poco respeto por la vida propia y ajena? Me preocupa pensar que los jóvenes de hoy (bueno, aunque yo también me considero joven) hayan perdido muchos de los principios y valores esenciales de respeto, integridad, honestidad, justicia, libertad, paz, responsabilidad, civismo, tolerancia, etc... porque ellos serán los que tengan en su manos el mundo. Sin duda, quiero pensar que justamente esa parte de la juventud no sea la que dirija en mundo en un futuro. Si no.. bien apañados que vamos!

Por otro lado, también me llamó la atención el hecho de no poder contactar con la policía. Si bien, no tardaron mucho en llegar. Se me ocurre pensar dos cosas. La primera, que porque no estuvo de Dios que, finalmente, ningún chaval saliera mal parado, porque un navajazo o un mal golpe se tarda en dar segundos. Con lo cual, aunque tardaron poco en llegar, en realidad, perfectamente podrían haber llegado tarde aunque hubieran tardado cinco minutos en llegar..

La segunda es que ¿qué pasa si un día me veo en una situación en la que necesito llamar a la policía y resulta que no me cogen el teléfono? Le digo al que esté robando en mi casa o al que me está atacando que me deje un momentito el móvil para volver a llamar?

Y luego está lo de ayudar o no en una situación de este tipo. Sinceramente, me parece excesivamente arriesgado para la integridad de uno, porque fácilmente, puedes ser tú el que salga con la nariz rota, un navajazo dado o, incluso, en el peor de los casos que no salgas. Se me viene a la cabeza lo que ocurrió hace algunos meses, no recuerdo en qué ciudad, que un joven murió por intentar ayudar a una muchacha que discutía acaloradamente con su novio, y estaba zarandeándola y pegándole creo. El novio, ni corto ni perezoso, se encaró con el pobre chaval, y en uno de los empujones que le dio, se dio un golpe en la cabeza y murió.

Soy consciente de que peleas como ésta, y peores, con heridos y muertos, pasan continuamente en todo el mundo. Y barbaridades peores, de guerras, terrorismo, asesinatos, etc... Pero yo, afortunadamente, jamás he vivido nada de eso tan de cerca. Quizá por eso me resulta tan impactante. Y he querido contaros todo esto que os he contado. No me enrollo más que ya bastante largo me ha salido el post y sé que algunos no queréis posts tan largos, pero es que este tema creo que da para hablar esto más.


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04 febrero 2008

Aparece Angie...


... la muchacha que desapareció de la blogosfera el 27 de enero de 2008.

Seguramente, algunos os habréis estado preguntando qué había sido de la sevillana que solía escribir en su blog y en el de los demás, que estaba deseando que llegara el 30 de enero para poder tener más tiempo libre y poder retomar con más calma la vida blogueril, y que anunció que en breve iba a dar por finalizado el concurso que tenía abierto, “el mejor post de 2007”.

Efectivamente, el día 30, por fin acabó el trimestre, y mi vida laboral pasó a ser más relajada y no tan estresante como había venido siendo durante el mes de enero. Pero acontecimientos tristemente inesperados, me han tenido alejada por completo del ordenador en los últimos días. De ahí mi absoluta desaparición del medio.

Pero la vida sigue, y después de pasar ayer el día en Cádiz, que está de fiesta con sus carnavales, ya estoy de vuelta. Es curioso cómo la risa y el llanto se entrelazan en la vida.

Así que, como ya dejo de estar desaparecida, lo primero que voy a hacer es cumplir mi palabra... Enseguida me voy a poner a hacer el recuento de votos para cerrar de una vez por todas el concurso. Así que mañana, por fin, publicaré el ¿esperado? resultado.

De antemano, quiero agradeceros vuestra paciencia y pediros disculpas por tan larga demora. Espero no haber perdido a ningún fiel lector en este mi tiempo de ausencia.

Besos. Angie.

04 septiembre 2007

¡HASTA SIEMPRE, CAMPEÓN!

Primeros de Septiembre. Se acabaron mis largas (y merecidas, jeje) vacaciones. Después de mi ausencia, tenía pensado muchas cosas sobre las que escribir, y contaros cosillas de mis vacaciones, el verano y demás. Pero, los últimos acontecimientos vividos en mi ciudad han hecho que lo primerísimo sobre lo que quiero escribir sea, como no podía ser de otra forma, sobre ti.

El pasado 28 de agosto, un jugador del Sevilla F.C. nos dejó, después de unos días eternos de espera e incertidumbre, en los que todos rezábamos porque pudiera salir adelante.




Tenías sólo 22 años, Antonio, y toda una vida por delante, pero la vida te jugó una mala pasada y te obligó a abandonar el partido mucho antes de lo esperado!

Se te rompió el corazón y a nosotros el nuestro con tu marcha. Una vez más, en cuestión de un par de meses, han vuelto a mi cabeza preguntas a las que, una vez más, me cuesta horrores dar respuesta. ¿Por qué ahora, cuando todo iba tan bien? ¿Por qué tan joven? ¿Por qué tú y no otro? En definitiva, Por Qué.

Los que te conocieron dicen que eras la alegría de la casa. Es curioso, aunque yo no te conocí en persona he sentido tu muerte de corazón. Como parte de la familia rojiblanca de la que me considero parte. Estos días todos hemos vivido momentos que jamás pensé que pudieran ocurrir nunca. Y seguro que tú también has flipado y te has alegrado desde donde quiera que estés.

Pues en los días pasados, ver que Sevilla no tenía colores que la dividieran, que la rivalidad agravada en los últimos tiempos entre los dos clubes de la ciudad desaparecía, ver a béticos y sevillistas llorando abrazados porque han sentido tanto tu muerte como nosotros, que nuestros Presidentes se fundían en un abrazo sincero, ha sido muy emocionante. Ver a toda una afición aplaudiendo, cantando "musho beti, musho beti" y aclamando la llegada del club verdiblanco a nuestro estadio y a ellos escucharlos cantar "sevillista seré hasta la muerte" ha sido algo que jamás nadie pensó que pudiera ocurrir. Y es que en aquella marea de gente que te esperaba a las puertas de tu estadio para darte el último adiós daba igual que la camiseta fuera roja o verde. Pues lo que importaba solamente era el cariño que LOS SEVILLANOS te querían dar. Era Sevilla quien estaba de luto, sin colores de por medio.

Así que si algo bueno ha tenido todo esto ha sido ver cómo ha calado en todo el mundo el “Espíritu Puerta”; si algo bueno ha tenido, ha sido hacernos ver a todos qué cosas son importantes y cuáles no tanto; ¡porque se nos olvida muchas veces! Que lo más importante en la vida es eso, LA VIDA y , al fin y al cabo, el fútbol es sólo un deporte y no merece la pena tomárselo como una cuestión de vida a muerte. Que uno debe ser del equipo que sea y, por supuesto, desear que su equipo consiga las mejores glorias y alegrarse de todos sus triunfos; pero ya está. Que la rivalidad que en todo deporte hay, sea sólo sana. Que no merece la pena ser “ANTI-ningún equipo” porque además, ¡qué tontería! ¿cómo odiar a seguidores de otros equipos si tu novio es del Real Madrid, tu prima del Barça o tu mejor amigo del R. Betis? Y precisamente todos esos equipos, todo el fútbol español e internacional, son los que estos días nos han demostrado que, en los malos momentos, han estado apoyando 100% a todo el Sevillismo. La cantidad de muestras de cariño ha sido enorme. ¡Espero que cuando todos y cada uno de los equipos vengan a jugar en nuestro campo, sean recibidos con una ovación tan calurosa como lo han sido sus muestras de apoyo y de cariño!

Así que, querido Antonio, no has tenido más remedio que irte pero, sin duda, lo has hecho haciendo honor a tu nombre: POR LA PUERTA GRANDE!

Don Ramón debe estar contentísimo de haber fichado a la Zurda de Diamantes para jugar en la liga de las estrellas! Esa zurda que en el año del Centenario, en el minuto 100 de partido marcó el 1-0 contra el Schalke04 que nos abrió la PUERTA y nos llevó a la gloria de nuestra primera final de la UEFA. Ahora, eso sí, prepárate a conciencia porque, a partir de ahora, jugarás en los dos sitios. Allá arriba y aquí, en los corazones de todos tus compañeros y de todos los sevillistas.

Ahora me alegro más que nunca el Sevilla F.C. consiguiera los 5 títulos que ha conseguido en estos 15 meses. Y es que tú no podías irte sin vivir los tiempos mas gloriosos que ha vivido jamás nuestro equipo, sin saber lo que se siente siendo el mejor equipo del mundo!

Ahora al Sevilla le toca remontar poco a poco esta tempestad. El partido de la Super Copa, fue un momento muy difícil, el partido más emotivo de todos, el primero “SIN TI”. Sin duda fue un día muy especial para todo el mundo. “Chapó” al AC Milan y su afición porque demostraron en todo momento su grandeza y su señorío, como no se podía esperar de otra forma de uno de los grandes. Y ya ves, a pesar de las emociones y las lágrimas, a pesar del cansancio, ya ves que tus compañeros son fuertes, y el otro día en Mónaco, donde tuve la suerte de estar, estuvieron muy a la altura (¡qué grande es el Sevilla F.C.!).


Sólo pudimos marcar un gol pero, al menos, ese gol fue especial: fue directo de la portería al cielo! ¡Qué lástima que no pudiéramos ganar la Copa para dedicártela con todo el cariño! Aunque, esa noche, nuestro equipo fue más Campeón que nunca para todos nosotros! Y no pasa nada, amigo, ayer en Atenas, tu Sevilla demostró lo que son, lo que sois, y ahí estamos, ¡lo conseguimos! en la Liga de Campeones! ¡VA POR TI!

Se nos ha ido un “Sevillista hasta la muerte” pero aquí siempre estarás presente! ¡Ojalá que tu gente saque fuerzas de donde apenas hay para tirar palante con la misma fuerza que tenías tú en el campo!

¡HASTA SIEMPRE, CAMPEÓN!


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Homenaje a Antonio Puerta

Aquí os dejo un video, el que más me ha emocionado de todos los que he visto, que refleja muy bien todo lo vivido estos días atrás, algunas de las grandes e inolvidables jugadas de Antonio Puerta y lo especial que fue todo lo que ocurrió en el estadio Louis II de Mónaco.

18 junio 2007

¡Para mi Gente de Almería!


Ya estoy de vuelta a casa. Ojalá la visita hubiera sido por otros motivos mucho más alegres, pero desgraciadamente no pudo ser.

Hoy, me acordé de algo que un día escribió mi amiga Martita, una manolera como yo, más buena gente que la má, y pensé en vosotros, pensé en mi gente de Almería que sé que me lee.

"Yo te puedo hablar de la tristeza.
Te puedo hablar del dolor, de la incertidumbre.
Del aire que parece que no entra en los pulmones, de la herida.
Yo te puedo hablar del tiempo que no pasa, que se arrastra.
Y te puedo hablar de todo esto porque me ha pasado, porque te entiendo.
Te puedo hablar del trozo que te falta, que es esa persona
Y de la persona que fuiste a su lado, pero que ya no eres, eres otro.
Y te puedo hablar de las esperanzas e ilusiones,
y que ahora parece que se han esfumado.
De los sueños que ya no están,
de las cicatrices que eso deja...
También te puedo hablar de los recuerdos que te asaltan
Y de los porqué, sin respuesta, que tanto pesan!
Te podría hablar de muchas cosas,
pero no es momento de escuchar a nadie
sino de escucharte tú.
Y has de intentar avanzar hacia delante,
aunque cueste, aunque duela,
debes seguir.
Porque ahora es momento
de mirar hacia adentro.
¡A veces la vida hace daño, un daño terrible!
Pero quiero contarte, que hay esperanza
y que hay que seguir
porque tienes tanto por ver y por hacer,
tanto por vivir, tanto para dar
y tanto por recibir,
tanto para compartir con otros,
hay tanto bueno en ti, tanta dulzura!
Así que entiendo bien cómo te sientes, porque a mi me ha pasado.
Y parece que no puedes seguir,
que el mundo se borra y nada importa.
Pero hace falta Tiempo,
hace falta Paciencia,
hace falta Fe,
hace falta Esperanza.
La herida duele, pero el dolor va pasando,
sólo hace falta tiempo.
Y no será ahora mismo pero más adelante,
aunque parezca imposible,
las cosas volverán a estar bien.
Confía en la gente que te quiere.
Cree en ti y en un mejor mañana.
Intenta ser fuerte,
el dolor parece insoportable,
pero las personas somos fuertes,
más de lo que creemos,
y lo soportamos.
Y todo pasa,
y queda,
permanece en ti
y así aprendes,
y avanzas, creces,
vuelves a ser tú, nuevo.
Quédate con lo bueno,
atesora los recuerdos
en un trocito de tu corazón,
quizá ahora no seas capaz de mirarlos
porque duelen.
Pero en un tiempo, los podrás volver a ver,
y sonreirás al recordarlo.
Y mientras lo recuerdes, y lo lleves en tu corazón,
¡Siempre seguirá existiendo!
Con el tiempo, todo irá mejor,
llegará un día,
dentro de mucho o de poco,
en que algo o alguien te haga sonreír,
que aleje un poco la tristeza.
Es el primer paso.
A partir de ahí,
lentamente,
Todo irá Mejor.
¡Ya verás!"

Sé que es dificilísimo encontrar palabras de consuelo pero, quizá, las palabras de Marta, os puedan servir, aunque sólo sea un poquito. Y yo, lo que os puedo decir es que, a pesar de que nos separan algunos cientos de kilómetros, podeis contar conmigo para lo que sea! que sabeis que teneis todo mi apoyo y mi cariño! Que os quiero un montón y que mucho ánimo y mucha fuerza para continuar el camino!Que no os preocupeis que cuando el camino sea más dificil de andar, él estará ahí para ayudaros a no caer! ¡Hasta siempre, amigo! Siempre serás un color, el más hermoso, del arco iris PAI! ¡Mucha fuerza, mis niños!¡Os quiero!

13 junio 2007

Minuto a minuto



Sé que, últimamente, estoy de lo más “pesaíta” con este tema de la vida, que si los pequeños detalles son la esencia de la vida y tal y cual pero es que, últimamente, no dejan de pasar desgracias en mi entorno, unas veces más lejano otras más cercano, que me están haciendo reflexionar mucho sobre esto.

¡La vida es algo tan grandioso y tan frágil a la vez! Sólo hace falta estar vivo para dejar de estarlo. Es abrumador pensar que en un solo segundo tu vida puede dar un giro abismal de 180º; y mientras sea para bien, no hay problema, lo malo es cuando con el cambio te sobreviene alguna desgracia, a ti o a tu gente!

Qué injusto es que en tan sólo unos segundos, un imprevisto, un descuido, sea capaz de provocar consecuencias catastróficas, incluso, hasta el punto de ser capaz de arrebatarnos la vida para siempre! Y, de repente, ¡todo se va a la mierda y no hay vuelta atrás! ¡Con toda una vida por delante!

Está claro que soy consciente de que la vida no es todo un camino de rosas, eso es obvio. Pero también es verdad que, muchas veces, nos empeñamos en autolamentarnos sin preocuparnos lo suficiente de ser prácticos e intentar buscar las soluciones; ¡parece que disfrutáramos con nuestra pena, caray! Y si lo pensamos bien, muchas veces, nuestros problemas no son tales, más bien son preocupaciones. Y nosotros nos encargamos de magnificarlas y convertirlas en problemas. Antes podía pensar que no era así, pero con los años, me doy cuenta de que ¿problemas gordos? Problemas gordos sólo son las enfermedades y la muerte (más aún si es inesperada), que eso sí que no tiene solución, lo demás, de una forma u otra, termina con una solución, aunque no sea la que más nos hubiera gustado darle.

Lo más importante de esta vida, es eso, tener salud, estar lleno de vida. Sin eso, no hay nada más, sin eso, ni siquiera el dinero sirve. Aunque ayude, hay cosas que el dinero no puede solucionar.

La mayor parte del tiempo, no somos conscientes de la suerte que tenemos de estar, ya no sanos, sino, vivos y de lo hermosa que es la vida. Así que no merece la pena regodearnos en nuestros problemas. De hecho, si preguntamos a personas que han pasado por una enfermedad y han ganado la batalla, o que estuvieron a punto de morir en un accidente por ejemplo, todas dirán que ya no se preocupan de la misma forma por las cosas, que han cambiado su forma de ver la vida, que su escala de prioridades ha cambiado, y que ahora le dan a todo la importancia que tiene, ni más ni menos.

Y eso es lo que deberíamos hacer todos, ser capaces de vivir la vida así, sin que tenga que pasarnos algo malo para darnos cuenta de ello. Yo desde luego, tengo el firme propósito de no olvidarme nunca, ni en las horas bajas, que hay que disfrutar de los pequeños detalles; si siempre estamos aguardando la gran felicidad, pensando en lo que queremos conseguir en el futuro (un trabajo mejor, una casa más grande, un paso más en una relación, independizarnos, etc..) no nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo lo que tenemos en nuestras vidas justo ahora! dejando de disfrutar, sin darnos cuenta, de los pequeños momentos de felicidad que seguro que hay en nuestra vida.

¡En los últimos tiempos, las circunstancias me están haciendo darme cuenta de que no quiero perder la oportunidad de disfrutar de cada minuto, de vivir intensamente, que no a lo loco, porque nunca sabemos cuándo será la última vez que podamos hacerlo!
Así que no os olvidéis nunca de saborear cada minuto porque ¡SÓLO SE VIVE UNA VEZ!
Y tú, amigo, por lo que más quieras, AGÁRRATE A LA VIDA CON TODAS TUS FUERZAS! No te puedes ir tan pronto, joder!!!



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29 marzo 2007

¡Café a 80 céntimos!



Parece ser que el ZP cree que tomarse un café en cualquier bar cuesta alrededor de los 80 céntimos de euro. Y es que, por lo visto, la cafetería del Congreso es muy barata porque está subvencionada y un café allí viene a costar tan sólo 73 céntimos (todo un gesto de solidaridad hacia la dificultad económica de los políticos, que llegan a fin de mes con la soga al cuello...). ¡Ya me gustaría a mi que el café que me tomo yo a diario en la cafetería de mi barrio me costara eso!
Bajo a tomarme un café todos los días, algunas veces, por la mañana y por la tarde. Y cada café me cuesta 1.10 euros, porque subieron 10 céntimos el 1 de enero (1.40 si no me lo tomo en la barra). Así que, haciendo cálculos, si a la semana (contando sólo los "cafelitos de trabajo", los de entre semana) me tomo una media de 7 cafés (7'70 euros semanales), el gasto anual que puedo hacer en cafelitos podría rondar los 360 euros, euro arriba, euro abajo ( 7.70 x 47 semanas - porque he descontado el mes de vacaciones, y la semana de feria). Ahora que lo calculo, la verdad es que es un dinerito considerable, pero bueno, por suerte, me lo puedo permitir y no tengo intención de renunciar a ello porque me encanta bajar a tomar café y alternar un ratito con mis convecinos! Aunque, soy plenamente consciente de que no todo el mundo puede permitírselo.

Y, puesto que a los políticos les sale tan baratito tomar café, digo yo que a ver si la cafetería del Congreso se constituye como franquicia y pone establecimientos por toda España para que al ciudadano de a pie también le salga económico eso del cafelito. En mi caso, en mi bolsillo particular, si pusieran una cafetería de éstas en mi barrio, en vez de 360 euros, me gastaría al año alrededor de los 240 euros (0.73 x 7 x 47) y, al menos, me ahorraría 120 euros al año en cafés. Que no es que sea gran cosa, porque nadie sale "de pobre" por tener 120 euros más en la cuenta pero, por poner un ejemplo, me daría para pagar el IVTM (Impuesto sobre vehículos de tracción mecánica) que este año me sale precisamente por 121'58 euros.

Pero el problema de todo esto que, a priori, parece una minucia, no es que Zapatero (y digo Zapatero como diría cualquier otro Menganito que hoy fuera Presidente del Gobierno, siendo del partido político que fuere), deba saber cuánto viene a costar un café en la calle (que, probablemente, haga bastante que no se toma y paga uno) sino que, si no sabe cuánto cuestan las cosas porque no tiene esos gastos por el cargo que actualmente ostenta ( y la casa le sale gratis, el transporte también, y muchas cosas más), quizá no tenga la capacidad de empatía y la conciencia suficientes de saber que, por ejemplo, el transporte público no está barato precisamente y que a la ciudadanía le cuesta un trabajo y esfuerzo inmensos poder comprar una vivienda medianamente decente sin tener que hipotecarse hasta los ojos 30 ó 40 años y apretarse el cinturon hasta el infinito y más allá; por supuesto, eso sin ponerse a hablar de si el deseo de independizarse y comprar un pisito lo tiene alguien que no tiene pareja y tiene que afrontar solo/a una aplastante hipoteca sin más recursos que los suyos que, muchas veces, no pasan de los 1000 euros mensuales (en el caso de que el sueldo llegue a eso, que muchas veces no).
Y aunque, evidentemente ya sé que nos dirija quien nos dirija, siempre habrá problemas que resolver, desde luego, esto de la política es "pa mear y no echar gota", con perdón de lo soez de la expresión!
En fin... Feliz día a todos! Me voy a almorzar, que ya voy tarde, y a tomarme después un cafelito de esos de 1.10 €...



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12 diciembre 2006

¿Cazador cazado..?


¿Sabes quién se esconde tras esa sonrisa? seguramente, no tengas ni la más remota idea, verdad? Si te digo que corresponde a un chico de treinta y pocos llamado Kevin, seguramente, sigas sin saber quién es. Sin embargo, esta otra foto, probablemente, sí que la hayas visto alguna vez, ¿me equivoco...?

Y estoy segura de que te impresionaría tanto como a mi, la primera vez que la vi, hace más de 10 años, en un folleto de la campaña del DOMUND.

Pues bien, este atractivo chico se llama Kevin Carter, nació en 1961 en Sudáfrica, en la época del Apartheid y, aunque, en un principio, su vida profesional no iba por ese camino, se convirtió en un fotógrafo de gran renombre y reconocimiento mundial. Esta foto la tomó allá por el año 94. Año en que el propio Kevin decidió acabar con su vida, un fatídico 27 de julio. Si te interesa y no te importa estar algo más de diez minutos leyendo este post, te contaré por qué...
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Primero, intentaré ponerte un poco en situación. Como acabo de mencionar, Carter nació en plena época del Apartheid. Para quien no tenga demasiado claro qué era esto, “Apartheid” significa “separación” en afriakaans y neerlandés. Y fue un sistema social, político y económico racista impuesto por gobiernos de una minoría blanca en Sudáfrica entre 1948, año en que tomó forma jurídica a través de una legislación que respaldó su creación, y 1994, año en que fue desmantelado y tuvieron lugar las primeras elecciones libres, en las que Nelson Mandela, que había sido liberado cuatro años antes, se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica.

EL objetivo del Apartheid era separar las razas –por orden de jerarquía: Blancos, Asiáticos, Mestizos y Negros- tanto en el plano jurídico, con leyes para cada una, como en el plano geográfico, mediante la creación forzada de territorios diferenciados reservados para el uso exclusivo de cada grupo racial.

En 1984, cuando los disturbios en los municipios negros comienzan a darse diariamente, Carter, después de haber estado trabajando en una pequeña tienda de accesorios fotográficos y como reportero de fotos deportivas, termina involucrándose en el grupo de reporteros gráficos blancos que decidieron asumir la misión de dar a conocer al mundo los abusos y las barbaridades cometidas durante el Apartheid –tarea que hasta la fecha había sido exclusiva de los reporteros gráficos negros de Sur de África-.

A principios de los 90, para disminuir los riesgos del trabajo y poder recorrer en compañía las noches de las zonas “no blancas” sudafricanas buscando los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad del gobierno y las facciones negras, Kevin decidió trabajar codo con codo con otros tres fotógrafos, con los que mantenía amistad desde hacía años: Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y Joao Silva.

Los mejores corresponsales de guerra del mundo estaban ahí, pero las más vívidas imágenes las consiguieron estos cuatro fotógrafos sudafricanos, que llegaron a ser tan reconocidos por su manera arriesgada y descarnada de capturar la violencia, que una revista de Johannesburgo los bautizó como “El Bang Bang Club”. Hoy, dos de ellos están muertos, y los otros dos, Greg y Joao, publicaron en 2002 un libro contando su experiencia -“El Club del Bang Bang: Instantáneas de una guerra encubierta”-. (Los párrafos entrecomillados son sacados de este libro).

En 1993, Carter sintió que su carrera como fotógrafo estaba estancada y decidió financiarse un viaje al Sudán, al que le acompañó su socio y colega Silva, con el fin de trabajar en lo que era conocido como “El Triángulo de la Hambruna” en el Sudán meridional, donde el gobierno islámico estaba en guerra con las tribus Nuer y Dinka.

Llegaron a la aldea “Ayod” en un avión de Naciones Unidas cargado de comida. “Los pobladores hambrientos rodearon el avión, salvo aquellos demasiado débiles parar caminar, que esperaban sentados alrededor de un improvisado comedor”. Los dos vieron fotos por todas partes, así que se separaron por el campamento. Un rato después, Carter se acercó a Silva excitado, restregándose los ojos, pero no llorando y le dijo: “Le estaba sacando fotos a una nena arrodillada, que apoyaba la cabeza contra el suelo y, de repente, un buitre gigante se posó detrás de ella. Seguí disparando , y recién después espanté al buitre”. Cuando trató de mostrarle el lugar, no se veía el buitre por ninguna parte, pero la nena seguía ahí, vencida por el hambre. Ninguno de los dos la ayudó a llegar al comedor, que estaba apenas a cien metros, cuenta Silva en el libro.

“Carter vendió la foto al New York Times y ésta se convirtió en un símbolo de la hambruna, usada en infinidad de posters y campañas. Cuando se publicó, llegaron a la redacción miles de cartas preguntando qué había sucedido con la niña, qué había hecho el fotógrafo. Carter tuvo que confesar que no había hecho nada. Suponía, dijo, que se había levantado por las suyas y llegado al comedor”.

La foto no tardó en darle la vuelta al mundo, llegando a ser portada de la revista TIME, convirtiendo a Kevin en alguien muy popular al que querían fichar las más prestigiosas agencias fotográficas del mundo. No obstante, la foto despertó los viejos fantasmas del fotógrafo ( en su juventud había intentado suicidarse) y empieza a sentirse cada vez peor, al encontrarse ante un gran dilema ético. Su compañero Marinovich comenta en el libro que cree que los cuestionamientos lo estaban enloqueciendo.

El 12 de abril de 1994, el New York Times llama a Carter para comunicarle que ha ganado el Premio Pulitzer, pero le resulta imposible celebrarlo, él mismo decía... “Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella. No quiero ni verla, la odio”.

“Cuando Joao y yo estuvimos en Somalia en 1992, en medio de la hambruna, ninguno de los dos recogió un solo chico enfermo o agonizante, aunque vimos cientos. Los mirábamos morir y sacábamos fotos. Yo me sentí impotente cuando fotografié a un hombre cuyo último hijo se le estaba muriendo en sus brazos. Eran buenas fotos; la tragedia y la violencia son imágenes poderosas; por eso las pagan así. Pero algo de la emoción, de la empatía y la vulnerabilidad que nos hacen humanos se pierde cada vez que apretamos el disparador”.

Por aquel entonces... ninguno de los cuatro fotógrafos imaginaba que el Club tenía los días contados.

El 18 de abril de 1994, el Bang Bang Club entra a Thokoza, el barrio negro más peligroso de Sudáfrica, situado a pocos kilómetros de Johannesburgo, donde eran tantos los muertos durante los enfrentamientos, que la policía dejaba los cadáveres tirados en la calle horas y horas porque, supuestamente, no daban abasto, estando a merced de jaurías de perros callejeros. Después de una discusión de Ken Oosterbroek con los peace-keepers (un cuerpo policial transitorio que se creó para controlar la violencia, tarea que realizaban sin ninguna eficacia), El Bang Bang Club se vio inmerso en un tiroteo policial en el que Marinovich fue malherido y Oesterbroek agonizaba en brazos de un fotógrafo colega, mientras Joao Silva los fotografiaba. Murió camino del hospital. Escribe Marinovich: “ No podía hacer otra cosa. A Ken le hubiera gustado ver las fotos al otro día. A fin de cuentas, Ken era el profesional consumado, el que les había enseñado que primero se sacaban las fotos y después se lidiaba con lo demás”.

Esa misma noche, Silva en un bar, borracho, destrozó varias cámaras y pensó en dejar la fotografía, mientras Carter, no paraba de gritar que esa bala debería haber sido para él. Sin embargo, al día siguiente, volvieron a Thokoza y fotografiaron el estallido más grande de violencia de toda la guerra civil, y último de esta magnitud.

Kevin Carter, fue aclamado en Nueva York cuando fue a recoger su Pulitzer, y ahora todo el mundo quería contratarlo. Pero ya, no sólo no era capaz de conseguir otra foto tan impresionante como la de la niña sudanesa, sino que, apenas era capaz de hacer fotos.

Tres meses después de recoger el premio, Kevin subió a su camioneta y conectó el tubo de escape a una manguera, cuyo otro extremo echaba los vapores dentro de la cabina herméticamente cerrada. La nota suicida, de más de ocho páginas, decía: “Estoy deprimido. [...] atrapado por imágenes de asesinatos y cadáveres, furia y dolor, niños heridos o muriéndose de hambre, hombres que aprietan el gatillo con alegría, policías y ejecutores... Voy a reunirme con Ken, si tengo suerte”. Quizá sus ojos habían visto demasiadas atrocidades y fue incapaz de soportarlo.

A finales de ese mismo año, meses después de la muerte de Carter, Joao Silva descubrió que algo en él había cambiado. Durante un bombardeo en Kabul, vio emerger de la polvareda a un hombre que llevaba a su hijo moribundo en brazos y pedía ayuda. Silva los subió a su coche y los llevó al hospital, donde el niño murió. “Hubiera tardado un segundo en sacarles la foto, pero no lo hice. En otro momento, hubiera fotografiado primero y quizá, sólo quizá, habría tratado de salvar al niño después. Nunca me había sucedido antes: de alguna manera, que ese chico muriera delante de mí hacía que todo los demás pareciera insignificante”.

“Nos sentíamos culpables. Nos sentíamos buitres. Habíamos pisoteado cadáveres, metafórica y literalmente, para ganarnos la vida. Y, a lo mejor, nuestras fotos marcaron una diferencia, mostrándole al mundo la lucha de la gente por sobrevivir, algo que de otro modo no hubieran conocido, o no tan nítidamente. Hubo momentos, donde fui culpable de no intervenir. Pero yo no tenía la culpa por los miles de hutus muriendo de cólera en el Zaire, ni por la policía abriendo fuego sobre civiles desarmados en Boipatong. El sentimiento de culpa quizá tenía que ver con nuestra incapacidad de ayudar. Manejar la culpa es fácil. Superar la incapacidad de ayudar es mucho más difícil, casi imposible. Hoy puedo decir que no sufrimos ni la centésima parte de lo que sufrió la gente de nuestras fotografías. Hoy puedo decir que no éramos responsables: solamente testigos”. Era el fin del Club del Bang Bang.
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Nunca se ha dejado de discutir en los cónclaves de defensores de los derechos humanos y en las facultades de periodismo acerca de la posición ética del que tiene que informar. ¿Se aprovecha del horror o lo evita? ¿Espanta al buitre o toma la foto?

Me pregunto qué pasa por la mente de estos fotógrafos cuando fotografían tanta barbarie. Supongo que, como mecanismo de defensa, intentarán abstraerse de la realidad, e intentar no pensar en lo que están fotografiando; de forma similar a cómo los médicos, cuando están operando, dejan de pensar que están abriendo en canal a un ser humano y que su vida está en sus manos. Porque si no, creo que el dolor que te produciría ver imágenes tan dantescas, sería insoportable. Pero no lo sé. Y realmente, no me gustaría descubrir un día qué pensamientos pasan por tu cabeza en situaciones así.

No creo ser la persona más indicada para juzgar a Carter, ni tampoco para defenderlo. Yo, que vivo en la comodidad y el confort “de mi mundo” y que me limito, sin más, sentada en la más absoluta de las pasividades, a ver a diario estas imágenes en el telediario o en los periódicos, sin hacer nada, más que decir “joder, qué horror” y seguir comiendo, y al poco, cambiar de canal y olvidarme de lo que acabo de ver. Si me paro a pensar en qué es lo que yo hubiera hecho, al igual que todos, respondería.. “sin duda, yo, hubiera salvado a la niña!”. Pero creo que eso también es muy fácil y muy cómodo decirlo porque sé que las probabilidades que tengo de tener que enfrentarme a una situación así, son más que mínimas. ¿Cómo puedo juzgar lo que hizo o no un hombre que durante años arriesgó su vida para poder transmitir al mundo las postales del horror del hambre y de la guerra con el fin de despertar las conciencias? ¿Cómo puedo yo juzgar que no ayudase a una niña, cuando a su alrededor había cientos de personas en las mismas circunstancias? ¿Cómo juzgarlo por no hacer nada, cuando, yo, tampoco hago nada?

Al fotografiar a esa niña, que sólo importaba a su familia –si es que aún seguían vivos- Carter, al menos, consiguió dar un golpe a millones de conciencias que han visto la foto o escuchado la historia; si nunca la hubiera fotografiado, nadie se hubiera enterado del suceso. Si los fotoperiodistas no documentaran las atrocidades y las barbaries cometidas en las guerras y conflictos, el mundo sería menos consciente aún de que existen. Y, al fin y al cabo, ellos no son los culpables de las situaciones que fotografían, sólo son testigos mudos de la realidad.

Así que, realmente,
¿hasta qué punto es insensible o inmoral tomar esa fotografía cuando, tal vez, haya salvado más vidas él con su foto que todos los que debatimos si actuó bien o no?

Pero claro todo esto, en la teoría, está muy bien, lo de abstraerse de la realidad al presenciar tanto sufrimiento. Pero si bien, en el justo momento, el hombre es capaz de actuar de forma fría y racional, somos humanos y nuestras fuerzas flaquean y yo diría que es bastante difícil seguir manteniendo esa frialdad y racionalidad de por vida. Lo difícil, como decía Marinovich, está en saber superar esa incapacidad de ayudar (de ayudar concretamente a una persona), en saber convivir con ella. Dudo mucho que, aunque Carter hubiera llevado a la niña al comedor, hubiera sobrevivido. Nadie sabe si esa pobre niña murió ese día o 3 meses más tarde; para morir de hambre, hay que llegar a una situación muy extrema y un plato de comida, probablemente no hubiera solucionado demasiado. Pero claro, supongo, no lo sé, que lo que a Carter le atormentaba y no supo perdonarse fue el remordimiento de que, aun sabiendo que el futuro de la niña no era en absoluto alentador, no la tomó en sus brazos para darle siquiera algo de calor humano y de ternura en sus, probablemente, últimos momentos, no intentando salvarla o no ayudándola, al menos, a morir dignamente.

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22 noviembre 2006

¿Qué fue de la Niña Afgana...?

Recuerdan esta foto? Apuesto a que la han visto alguna vez en su vida, ya que es una de las fotos más famosas del mundo, que a mediados de los 80 cautivó al mundo occidental.

Esta niña fue fotografiada cuando tenía 12 años por el prestigioso fotógrafo Steve McCurry. Nunca antes la habían fotografiado. Fue en junio de 1984, en el campamento de Refugiados Nasir Bagh de Pakistán, donde malvivía después de quedar huérfana, durante la guerra contra la invasión soviética.

Justo un año después, en junio de 1985, la foto fue publicada en la portada de National Geographic y, debido a su expresivo rostro de ojos verdes y mirada penetrante, la portada se convirtió en una de las más famosas en la historia de la revista.

El encuentro entre el fotógrafo y la niña sólo duró un cuarto de hora; no le pidió el nombre, sólo apuntó su edad: 12 años. Así que nadie sabía el nombre de la chica y, simplemente, era conocida como "la niña afgana".

Steve McCurry realizó una búsqueda de la joven que duró 18 años, realizando numerosos viajes a la zona hasta que, en enero de 2002, encontró a la niña convertida en una mujer de 30 años y pudo saber su nombre.

Se llama Sharbat Gula. Y vive en una aldea remota de Afganistán. Es una mujer tradicional pashtun, casada y madre de tres hijos más un cuarto que murió cuando era pequeño. Su marido, con quién se casó poco después de su famosa fotografía, se llama Rahmat Gul y sus tres hijos Robina, Zahida, y Alia. Pudo volver a Afganistán en 1992.

La identidad de la mujer fue confirmada al 99,9% tras una ardua investigación mediante una tecnología de reconocimiento facial del FBI y la comparación de los iris de ambas fotografías.

Nadie había vuelto a fotografiarla hasta que, 18 años después, volvió a hacerlo McCurry. No sabía que su cara era famosa en el mundo entero y que se había convertido en todo un icono.
Este es el resultado del paso del tiempo en el rostro de la niña afgana:


Como pueden observar, cualquiera diría que sólo es una joven treinteañera! El paso de estos 18 años muestran que esa mirada, que en los 80 se convirtió en símbolo del conflicto afgano y de la situación del refugiado, se ha convertido en la mirada "vieja" de una mujer, que ha vivido bajo la opresión, y lo sigue haciendo, toda su vida.

Las dos fotografías se muestran igualmente conmovedoras. En la primera, Sharbat se revela entre temerosa y desafiante, enfrentándose al extranjero blanco con su máquina de captar imágenes, con lo único que tiene, su mirada. Y en la segunda, le muestra al mundo que ha sido capaz de sobrevivir a guerras, campos de refugiados, talibanes, occidentales..., aunque haya sido a costa de un tremendo desgaste que inunda su mirada de tristeza y también de resignación ante la vida que le ha tocado vivir.

Una vida en oscuridad, según las costumbres y las tradiciones de su cultura y su religión, ya que la mayoría de las mujeres afganas siguen enlcaustradas bajo el burka, casi cinco años después de que las tropas norteamericanas, al frente de una coalición internacional, derrocaran el régimen talibán. En la tradición pashtun, la mujer sólo sale de casa dos veces. Una, cuando deja la casa del padre, para entrar en la del marido. La otra, después de muerta, para que la entierren.

En honor y reconocimiento a Sharbat Gula la sociedad National Geographic creó un Fondo Especial de ayuda al desarrollo y creación de oportunidades educativas para las niñas y mujeres afganas, en colaboración con organizaciones no lucrativas selectas y autoridades locales en la región.

Ojalá que algún día consigamos vivir en un mundo donde todos los seres humanos tengamos los mismos derechos y las mismas oportunidades!!! Un mundo en el que la circunstancia de nacer en determinado lugar no te condene a vivir en la pobreza, en la injusticia o en la opresión. Aunque, desgraciadamente, la cosa está complicadilla.

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