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25 noviembre 2013

Oídos Sordos...

Hoy se celebra el Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Es por eso que recupero del baúl de los recuerdos este relato, titulado "Oídos sordos" que escribí hace algún tiempo. Dedicado a todas las mujeres que lo sufren.

¡NO AL MALTRATO!

***


Oídos sordos...

El silencio de la calle sólo era interrumpido por el sonido lejano de algún coche al pasar y por el ruido de los aires acondicionados que llevaban funcionando todo el día. Eran casi las tres de la madrugada y el calor seguía siendo insoportable. Ni una gota de aire que viniera a dar un pequeño respiro a los cuerpos sudorosos que una noche más intentaban conciliar el sueño sin demasiado éxito.

Harto de dar vueltas en la cama fue al baño a refrescarse un poco: se mojó las muñecas y metió la cabeza bajo el grifo hasta que se le empapó el pelo. Algo más aliviado salió al balcón a fumarse un cigarrillo, que encendió con una calada honda para intentar calmar su ansiedad.

Era pleno agosto y como en todas las ciudades calurosas de interior había cantidad de aparcamientos libres por todos sitios y apenas ningún coche circulando. La calle estaba desierta y de no ser por el cambio cíclico de color de los semáforos el mundo parecía estar detenido.

Un hombre y una mujer llegaron en un coche que paró en el semáforo de enfrente. Ella se apresuró a salir dando un portazo y el hombre no tardó en salir tras ella gritándole.

-¿Adónde te crees que vas, zorra? ¡Vuelve al coche!
-Déjame en paz, ¡estás bebido!
-¡He dicho que vengas, coño!- le dijo zarandeándola fuertemente del brazo.

Mientras el fumador miraba a la pareja desde el balcón, la mujer escapó como pudo de aquel hombre e intentó refugiarse tras uno de los coches que había aparcados.

-Es lo mejor, no podemos seguir así.
-¡Estás loca si piensas que voy a darte el divorcio y quedarme sin nada!
-Tú no me has querido nunca.
-¡No te vas a librar de mi tan fácilmente!
-¡No aguanto más!
-¡Que te calles de una puta vez! O subes al coche o te subo, ¡elige!; pero va a ser peor que vaya yo... - profirió el hombre hecho un energúmeno.

La mujer, guiada por el miedo a que llevara a cabo su advertencia, volvió a acercarse a él.

-Tranquilízate, nos están mirando desde esa terraza.
-¡Me importa una mierda que nos miren. Si tiene agallas que baje y me mire de cerca!- vociferó mirando hacia el balcón, mientras el fumador, impertérrito, seguía asomado.
-Por lo que más quieras, ¡cállate y deja de chillar!
-Chillaré si me da la gana, ¿te enteras? ¡Tú no eres nadie para darme órdenes, que te quede claro! ¡Que sea la última vez! –respondió él dándole un puñetazo tan fuerte que la tiró al suelo, le dejó los nudillos marcados en la mejilla y le abrió una raja en el labio que enseguida le empezó a chorrear sangre.

La mujer rompió a llorar: sabía cómo terminaban las discusiones que empezaban por un puñetazo... No se sentía con la fuerza suficiente para plantarle cara a su marido de una vez por todas, así que sin rechistar, se levantó del suelo y, temerosa de que la ira de su marido creciera más aún, volvió a subir al coche.

El fumador dio una última calada a su cigarro y volvió a su habitación...



11 noviembre 2013

Eterna Ilusión..

Hace unos días reencontré algo que tenía completamente perdido por algún rincón de mi casa y me llevé una sorpresa enorme cuando cayó en mis manos.... 

Un poemilla que titulé "Eterna ilusión" y que puede ser perfectamente el primero que escribiera en mi vida... hace casi veinte años! Ñoño, ñoño, y malo, malo, jajaja, pero nadie nació sabiendo... 

Dos décadas después algo he mejorado en esto de escribir, aunque reconozco que los poemas no fueron ni mucho menos mi fuerte ni entonces ni a día de hoy. 

A pesar de ello, me apetece publicarlo en mi blog porque siempre formará parte de aquellos lejanos inicios de mi inquietud y mi pasión por escribir. 





Antaño como lejana quimera
casi de intocable alcance. 
Con el tiempo su luz se fue apagando, 
cuan llama sin vida.
Débiles rayos de luz desempolvaron mi viejo sueño;
florecía allí, en una antigua isla.
Flor de primavera, ya bella y verdadera.

Mas mi gualda rosa efímera tornóse
en violeta de oscuro color.
Tan sólo el recuerdo, 
alentado por destellos de ilusión,
quedó grabado por siempre
en mi humilde corazón.


27 marzo 2013

No Me Preguntes Por Qué...

No me preguntes por qué pero deseo ardientemente perderme contigo por lugares especiales y mágicos: en el bazar de las sorpresas, en la ciudad de los besos, en el bosque de los susurros, en el volcán de las caricias.

Contemplar contigo la consagración de la primavera, la tormenta de verano, el ocaso de otoño, la lluvia fina de invierno.

Compartir contigo las sonrisas francas, las miradas pícaras, los cuerpos con alma, mi espacio, el tuyo, esa puerta entreabierta, el deseo, las verdades sin complejos.
Sentir contigo la magia, las mariposas en el estómago, levitar ante tu mirada, aspirar tu aroma, sentir tu tacto, degustar tu sabor, escuchar tus susurros, compartir tus éxtasis.

Bucear pausadamente en tu cabello, en tus manos, en tu cuello, en tu pecho, en tu cintura, en tu espalda, en tu vientre, en tus piernas. Sentirte conmigo, en mi, dentro de mi.

Escribirte cartas de amor con matasellos, no me preguntes por qué...

***

Hoy estaba recordando qué entradas había publicadas a lo largo de la vida de mi blog y me apeteció volver a rescatar ésta (publicada en enero de 2010) para compartirla con  vosotros. Si sois viejos lectores de El mundo de Angie quizá la leyerais en su momento, a los nuevos, espero que os guste.

Prometo volver pronto con nuevos escritos, mientras tanto, os dejo este. Feliz semana a todos!

25 marzo 2011

Ana La Gata (Homenaje a Lyz Taylor)...

En homenaje a la estrella que hace unos días nos ha dejado publico de nuevo un relato que escribí hace algún tiempo y que estaba inspirado en "La Gata sobre el tejado de zinc". Lo único que hecho ha sido revisarlo y cambiar pequeñas detalles de redacción. Espero que disfrutéis de su lectura tanto si lo leísteis en su momento como si ahora es la primera vez.


ANA LA GATA



Como cada mañana a Ana le encantaba desayunar en la terraza mientras leía un rato el periódico. Ojeando la cartelera, vio que en uno de los cines de verano de la ciudad reponían “La gata sobre el tejado de zinc”. De repente sintió cómo se le erizaba el vello y sufrió un viaje al pasado que la transportó una década atrás, a su época universitaria...

Hacía mucho que Ana no le dedicaba apenas tiempo a una de sus aficiones preferidas. Durante sus años de Universidad participó en varios talleres de escritura, que siempre le habían parecido de lo más interesante.

En el primero al que se apuntó solían recitar poemas de Bécquer y Neruda; leían a los grandes maestros de la literatura y analizaban sus obras, descubriendo siempre en cada palabra, cada verso, cada frase, un matiz nuevo, diferente. Y en ellos se inspiraban para inventar historias y escribir algunos relatos y poemas.

Era un taller muy reducido, de no más de diez personas, por lo que en él se respiraba un ambiente acogedor y bastante íntimo, y el trato con el profesor, Diego, era muy cercano.

Diego era el típico profesor del que casi todas las alumnas se enamoran. Tenía cuarenta años y, aunque llevaba media vida en España, su dulce y sensual acento seguía delatando que había vivido en la tierra del tango hasta los veinte.

A Ana le gustaba mucho charlar con él, pues era un hombre culto y sus conversaciones siempre eran interesantes. Además sus gafas de pasta le daban cierto aire intelectual y esa mirada seductora de ojos casi negros y sus incipientes canas en la sien lo hacían más atractivo todavía. Le encantaba, era su secreto inconfesable.

Diego siempre llevaba algún libro con él. Le encantaba irse a la cafetería a leer un poco cada vez que tenía un rato libre. Un día se encontraba tomando un café mientras disfrutaba de una de sus lecturas favoritas cuando apareció Ana. Nada más entrar ella se había percatado de su presencia, pero su timidez hizo que simplemente lo saludara al pasar por su lado.

-Buenos días, Ana. ¿Adónde vas tan rápido? ¿Te apetece sentarte aquí conmigo?
-Es que estoy esperando que llegue una amiga.
-¡Pues perfecto entonces! Espérala aquí. Te invito a un café mientras tanto. ¡Camarero!...
-Está bien, aunque no creo que tarde mucho en llegar.

Se sentía un tanto apurada pues, aunque le encantaba charlar con él, en el momento en que la conversación tenía lugar fuera del taller que él impartía y podía derivar hacia otros temas que nada tuvieran que ver con la literatura, Ana se ponía nerviosa y a veces no sabía ni de qué hablar.

-Me ha gustado mucho el relato que has leído hoy en clase –dijo él para romper un poco el hielo.
-¿De verdad?
-Sí. Muy bien estructurado. Claro, conciso y contundente. Tus palabras tienen mucha fuerza. Te felicito.
-¡Gracias! Para mi es muy importante tu opinión.
-Vas por muy buen camino, sigue así, Ana.
-¿Y ese libro? ¿Qué estás leyendo ahora?
-Una obra de Tennessee Williams. Ya estoy terminándomela. Seguramente la conocerás, “La gata sobre el tejado de zinc caliente”, ¿la has leído?
-No. Ni siquiera he visto la película.
-¿Cómo que no? ¿Ni siquiera la película? ¡Pero si es un clásico del cine! Me sé los diálogos de memoria, la he visto cientos de veces. La obra es mucho mejor que la película pero aún así es casi un delito no haber visto a Paul Newman en el mejor papel de su vida y a esa majestuosa y bella Elisabeth Taylor en el papel de Maggie.
-La verdad es que no he visto demasiado cine clásico-respondió ella.
-¡Pues muy mal hecho! Eso hay que solucionarlo. Precisamente ahora están reponiendo la película en el cine Avenida. Yo tenía pensado ir a verla. ¿Te apetecería venir a verla conmigo? –le preguntó tras unos segundos callado.
-¿Al cine? ¿Contigo? ¿Los dos juntos? -respondió nerviosa.
-¡Claro! ¿Qué mejor ocasión? Además así voy acompañado, no me gusta ir solo al cine. Prometo comprarte palomitas...-dijo sonriendo.

Dudaba si sería correcto aceptar su propuesta, pero el plan le parecía tan apetecible...

-¡Venga, vale! ¡Me apunto! ¿Vamos esta tarde? ¿A qué hora es? –respondió tras tomar la decisión.
-A las ocho, en el Avenida.
-Está bien, nos vemos allí a las siete y media.
-Estupendo, allí estaré.
-Y yo. Me voy, que ya viene por allí mi amiga. Nos vemos después.
-Hasta luego.
-Adiós -le dijo mientras iba al encuentro de su amiga con una gran sonrisa en la cara, que él no vio porque ya se había dado la vuelta.

Lo que Ana no sospechaba era que la sonrisa con la que Diego prosiguió leyendo, eran aún más grande que la suya. Desde la primera vez que la vio aparecer por el aula había quedado prendado de su belleza. Con esa cara tan dulce, su melena larga y ese vaivén de caderas al caminar que era capaz de volver loco a cualquiera, le parecía la joven más atractiva que había visto nunca. Y después de haber hablado con ella y haberla tratado un poco, mucho más. Ana tenía duende. Y esa timidez que a veces no podía disimular, no hacía sino acrecentar esa magia especial que poseía.

Aquella tarde fueron al cine tal y como habían acordado. Ana se retrasó un poco. La impuntualidad era una de las cosas que siempre se proponía corregir y casi nunca lograba.

-Lo prometido es deuda. Aquí tienes tus palomitas. ¿Se te antoja algo más?
-No gracias.
-Compraré algunas chocolatinas de todas formas, que a mi me encantan.
-¿Entramos ya? Estará a punto de comenzar.
-Sí, entremos.

El Avenida era uno de los pocos cines con encanto que quedaban en la ciudad. Entraron en la sala, que estaba medio vacía, y ocuparon sus asientos.

-Elisabeth Taylor es una de mis actrices favoritas. Ya verás como te gusta.

Ana, mirándolo en silencio, simplemente sonrió. Sentía un nudo en el estómago cada vez más fuerte. No podía creer que aquello fuera algo parecido a una cita con su admirado profesor.

Durante las casi dos horas que duró la película, Diego estuvo mirando más tiempo a Ana que a la pantalla. Disfrutaba contemplándola. Se deleitaba con la naturalidad de sus gestos, con esa dulzura que desprendía su mirada; una mirada que casualmente le recordaba a la mirada felina de la protagonista. Ella notaba que la miraba, pero prefería disimular y cruzaba con él sólo algunas de ellas.

No hacía falta mirar a la pantalla. A su lado, a escasos centímetros, sentía el hechizo de esos grandes ojos azules, casi violetas que, aunque llenos de dulzura, tenían poderes hipnóticos si se miraban fijamente. Era su Maggie particular.

Diego luchaba por no sucumbir ante ellos e intentaba reprimir sus deseos, pero apenas lo lograba. Intentaba concentrarse en la película pero a mitad de la proyección ya no podía más.

Acercó lentamente su mano a la suya; el inesperado revoloteo de mariposas que Ana sintió en el estómago al contacto con su piel casi la dejó sin respiración. La tomó de la barbilla y sus miradas, clavadas la una en la otra, detuvieron los segundos en un instante único, mágico. Entonces sucedió. Sus labios se fundieron en un beso que inundó la sala de esa química que hacía que saltaran chispas.

Aquel momento fue el principio de un bella historia que llevó a sus dos protagonistas a disfrutar el uno del otro durante el resto del curso.

Una historia que no pudo durar más tiempo por culpa de la distancia que los separó cuando destinaron a Diego al año siguiente a otra ciudad pero que, mientras duró, fue poco menos que perfecta.


Ana aprendió a amar junto a él por eso, aunque su historia no hubiera durado demasiado, la atesoraba en su corazón como una de sus mejores experiencias vividas hasta el momento.

“La gata sobre el tejado de zinc” le recordaba irremediablemente a él. Hacía años que no la veía y cuando vio en el periódico que reponían aquella película tan especial para ambos, no dudó ni un instante el ir a verla de nuevo. Nunca olvidaría la película que tanta magia trajo a su vida.

****

NOTA: A todos los que dejaron un comentario en el post anterior, Noches de Messenger, decirles que os he contestado a todos antes de publicar este post.


04 diciembre 2009

¡Venga bodas!... ¡Pues toma "No-Boda"!

Tengo abandonadísimo mi blog y los blogs amigos. Lo sé.

Siento estar tan perdida en los últimos tiempos y siento también "abusar" tanto de esta sección del baúl de los recuerdos pero, sinceramente, ultimamente, no tengo tiempo, ni ganas y otras cosas me ocupan más la mente que la blogosfera. Pero bueno, como no quiero que os olvideis de miiiiii... Aquí os dejo un simpático post que publiqué hace ya un tiempecillo y ya me contaréis que os parece la idea, jajaja...

Un beso a todos!! Me acuerdo de todos vosotros aunque no vaya a visitaros desde hace tiempecillo, de verdad! :)


BALANCE DE LOS ULTIMOS 3 AÑOS:
UNAS 15 BODAS y MUCHO DINERO.

Quince bodas (en ninguna de ellas era yo la radiante novia) y una cantidad de dinero más que considerable empleada en el regalo a los novios y, cómo no, en ropa y complementos.

Si me pusiera a hacer cálculos, estoy convencida que todo ese dinero me hubiera dado, por ejemplo, para hacer una de las cosas que más me gusta en el mundo: viajar. Y seguramente hubiera tenido más que suficiente para cruzar el charco (cosa que estoy deseando volver a hacer desde hace 12 años), y hacerme un viajecito curioso por cualquier país de Latinoamérica, el que sea, porque me atraen todos.

A lo largo de mi vida, he ido a muchas bodas. Cuando era pequeña, lógicamente, eran mis padres los que hacían el regalo a la pareja en cuestión. Pero llegó un día en que la pequeña Angie creció y empezó a ser invitada a infinidad de bodas. Bodas de amigas y amigos que se casaban, bodas de compromiso profesional, etc..

Hay gente para quien tener que ir a este tipo de celebraciones resulta un auténtico coñazo; a mi, realmente, no es algo que me disguste. Por lo general, me gusta ir a las bodas (convite incluido, claro). Sí que es cierto que las ganas están directamente relacionadas con los novios y también con los invitados.

Evidentemente, a las bodas que he ido por compromiso laboral, he ido con un poco menos de entusiasmo, la verdad. En cambio, cuando la boda era de algún amigo, por supuesto, me he divertido mucho, me he emocionado, en definitiva, siempre lo he vivido como algo especial: mi amigo/a se casaba! Y ni que decir tiene que el regalo que les hice, lo hice más que gustosa, sin que me pesara en momento alguno (que conste que esto es totalmente cierto, a pesar de lo que a continuación diré!).

Ahora bien, independientemente de esto, si nos ponemos a quitarle todo lo que de romántico tienen las bodas, pensando en todo esto se me ocurrió algo...


Si de aquí a un par de años o tres no celebro mi propia boda, cosa que, por el camino que voy, puede ser probable... jaja (en teoría ya tendría que ser rica gracias a mi fortuna en el juego. Ja..) estoy pensando seriamente en celebrar mi “NO BODA”.

Pues sí, mi no boda. Y simplemente lo haría, digamos que por una cuestión de justicia.

Cuando alguien se casa y te invita a su boda, lo normal es que, si no quieres quedar fatal y no te escaqueas de mala manera (que casos se han dado) hagas un regalo a la pareja (normalmente, dinero, porque es lo único que quieren como regalo. Al menos, en España, no sé si también se estila esto en otros países).

Cuando esos dos que se casaron, tienen su primer hijo, lo normal es que, si te une una amistad con ellos, le hagas un regalo ante tan feliz acontecimiento.

Cuando después de ese primer retoño, llega el segundo, vuelves a hacer un regalito a la pareja. Y así sucesivamente si llegaran más (cosa que, por otro lado, en los tiempos que corren se convertiría en toda una hazaña digna de los más grandes hidalgos, pero eso es otra historia...).

Igual cuando llega la comunión de tales retoños si es que también te invitan (cosa que será bastante probable si la relación que te une a la pareja es fuerte y sólida): otro regalito para la lista...

Total, que a lo largo de tu vida, y de las suyas, te gastas una pasta gansa en regalos de boda, bautizos, comuniones y fiestas de guardar! Que lo único que te ahorras es el regalo por divorcio, si éste llegara a ocurrir. Y porque no hay costumbre de celebrar eso, o más bien, no hay costumbre de regalar (porque celebrar, seguro que lo celebra más de uno...), si no... regalo que te crió! Suerte que aún no se ha convertido en una costumbre generalizada en la sociedad porque entonces, ya no nos libraríamos ni de eso!

Y ahora yo pienso...

Si yo no me caso, no hay regalo de boda.
Si no tengo hijos, no hay regalo.
Si no tengo hijos que hagan la comunión, evidentemente, tampoco hay regalo.
Con lo cual, si no me caso, los únicos regalos que voy a recibir a lo largo de toda mi vida serán los que me hagan cada año en las Navidades y en mi cumpleaños (qué menos..!).
Así que, ¿aparte de eso, no voy a tener más regalos? ¡No es justo!

No, por independizarte e irte a vivir sola nadie te regala nada. Tampoco te regalan nada, si en vez de casarte, simplemente, te vas a vivir con tu pareja. Seguramente, los casados pensarán... “Vamos hombre, estaría bueno!” Pero si lo pensamos, en el fondo, es lo mismo, no? La única diferencia es que los novios que se casan se van a vivir juntos (si es que no viven juntos ya) y, en cambio, yo, me voy sola, y los novios que no se casan, simplemente, se van a vivir juntos, sin matrimonios (civiles o religiosos) de por medio.

Así que, por qué tendría que ser tan raro que yo organizara un convite al que invitara a familiares, amigos, compromisos profesionales y conocidos (por ejemplo, los compromisos de tus padres, que, dicho sea de paso, a veces son más invitados que los tuyos propios). ¿Por qué habría de ser tan descabellado? Al fin y al cabo, sería lo mismo, no?

Apartando a un lado la alegría que te da y la ilusión que te hace que tus invitados (no todos) vayan a tu boda porque quieres compartir con ellos ese día, en términos estrictamente económicos, podríamos reducirlo a... Convite = Regalo.

Así que supongamos (para estar en igualdad de condiciones) que organizo un convite para compartir con mis invitados la ilusión que me hace empezar una nueva vida: mi vida de soltera independiente. Lo más lógico sería que todos mis invitados me hicieran un regalo, no? Por supuesto, en dinero, porque mi lista de no-bodas también estaría completa y en las invitaciones también daría mi número de cuenta bancaria para que me hicieran el ingreso (de nuevo decir que eso se estila en España, no sé en otros países).

Celebrar mi No-Boda sería, por decirlo de alguna manera, la única forma de hacer justicia para conmigo (y para con todos los que se van a vivir juntos sin casarse) y mi bolsillo. Sería la única forma de que, todo el dinero que te has ido gastando a la largo de todo este tiempo, revirtiera a ti de alguna forma.

Así que, por estas razones, he decidido que si no me caso nunca, celebraré mi no-boda! Y aquél que me diga que ¿qué pasa si celebro mi no-boda y, al final, me caso? Todo aquél que me diga que la vida da muchas vueltas y que ¿quién me dice a mi, que un día de estos conozco al hombre de mi vida y me caso?

Mi respuesta será firme y clara... “Efectivamente, llevas razón, nadie sabe qué nos depara el futuro así que, querido, si yo celebro mi no-boda y al tiempo acabo casándome, pasará lo mismo que cuando uno se casa y al tiempo se divorcia... ¡qué mala suerte! ¡los regalos de no-boda TAMPOCO tienen devolución!”.

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08 noviembre 2009

Angies de Plata 2009...

El Mundo de Angie está de aniversario. ¡Cuánto ha dado de sí todo este tiempo, madre mía! Y es que ha habido de todo:

Tiempo para las risas...
Viajando en Autobús

Tiempo para la tristeza... Que es capaz de inundar el alma

Tiempo para disfrutar de los pequeños placeres de la vida...
Al son de las mareas

Tiempo para el amor...
Acudiendo a un rico panal de miel

Tiempo para el desamor...
Por no encontrar un "cómo"

Tiempo para el misterio...
Por culpa de algún A.A.N.I. bromista

Tiempo para desvariar...
Sin saber ni qué nombre ponerle a algunas cosas

Tiempo para...
La tentación

Tiempo para fantasear...
Con Leo, el vecino del 5º

Tiempo para hacer cosas juntos, con algunos de mis queridos blogueros... Gracias al relato que viajaba de imaginación en imaginación y de blog en blog

Tiempo para encuentros inesperados...
Como cuando Ágata encontró a Magnolia

Tiempo para dejar volar la imaginación...
Desafiando el destino

Tiempo para indignarse... Con peleas

Tiempo para hacer amigos...
Especiales

Tiempo para filosofar un poco...
Con las medias naranjas y las naranjas enteras

Tiempo para curiosear...
Entrando en la República Independiente de mi Mente

Tiempo para canciones...
Que nos hagan sentir que por un momento nos falte el aire

Tiempo para soñar...
Con mi querido “Deivi”

Tiempo para la desesperación...
De un maldito destino

Tiempo para la magia...
Con un Sorteo muy especial

Tiempo para viajar...
A Escocia

Tiempo para darse a los demás... Recibiendo mucho más de lo que dí

Y cómo no...

Tiempo para crear multitud de vínculos con todos vosotros gracias a los cuales, a muchos de vosotros, tengo la sensación de conoceros desde siempre.

Aquel 8 de noviembre de hace ya tres años cuando decidí crearme un blog, sin saber demasiado bien en qué consistía eso exactamente, no podía hacerme ni siquiera una mínima idea de la cantidad de buenos ratos que pasaría, simplemente, por sentarme a mirar por esta pequeña ventana al mundo.

El año pasado no pudo ser, por culpa de un fallo en la organización pero, en el 1º Aniversario
, hubo una fiesta por todo lo alto, a la que acudieron todos los amigos del blog para recoger el “Angie de Plata”, un premio que creé como muestra de agradecimiento a todos.

De nuevo, este año, me apetece mucho volver a convocar esta entrega de premios. ¡Así que, allá voy!

Las razones: ¡Muchas! Porque con vuestros comentarios me hacéis reír, reflexionar, divertirme, debatir, sentirme especial, emocionarme..., por vuestra fidelidad y entrega, por animarme cuando tengo un día tonto, por vuestra frescura y vuestra espontaneidad, por alentarme a seguir escribiendo e inventarme nuevas historias y, sobre todo, por contribuir a que este pequeño rincón sea mucho más interesante!


Sigais viniendo por aquí o no, ¡recibid con todo mi cariño el Angie de Plata!:

Adriana, Agata, Agatha Blue, Alfonso, Albino, Alijodos, Alucard, Angélina Beatriz, Angie, Artabria, Artico, Bugman, Capitán Clostridium, Carol, Cat's, Cnj, Cris, Dacid, Dafne, Druid, Druida de noche, El bosque del druida, El Titanic también se hundió, Emeefe, Ensalada de chocolate, Esteban Lob, Ev, Evichi, Evinchi, Extravagancia, Fbm, Fire, Fito, Gabi, Gamar, Garfio, Gema, Gentleman, Gorgeousefl, Guada, Habitaciones Rojas, Happy Eyes, India, Inés, Ipodgirl, Isabel, Jorge, Jose Manuel, Juan Luis, Julio, La sonrisa de Hiperión, Laura, Lilit, Loles, Mar, otra Mar, María la Magdalena, Maripaz Brugos, Marisa, Maruri, Menda, Monikamdq, Morochia, Mueja, Musa, Nadia, Nerina Thomas, Ninfa Azul, Otra vez viajar al olvido, Paco, Patri, Pau, PD, Petardy, Princesa, R. Olmo, Rominita Chii, S, Satie, Sergio, Sommer, Sobreviviré, Stella, Tecnogirl, TheJab, Ulises, Vulcano, Webero, Yandros, todos los que se me haya olvidado nombrar (por lo complicado de recopilar todos vuestros nombres sin que se me quede atrás ninguno) y todos aquellos que me leéis en silencio, que sé que sois muchos también.

¡Espero que sigáis disfrutando de este pequeño rinconcito durante mucho tiempo! Para mi, desde luego, es un auténtico pequeño gran placer. Como ya he dicho otras veces, si algún día dejara de escribir (para mí y/o para los demás), simplemente, dejaría de ser yo. Así que El Mundo de Angie forma parte de mi. ¡No podría ser de otra manera!

¡Un beso a todos!Angie.

***

NOTA: Algunos de vosotros, los que lleváis por aquí más tiempo, ya los habréis leído. Os he dejado un montón de enlaces (los que están en turquesa) de lo más variados, con los que os podéis hacer una buena idea (si tenéis paciencia de leerlos, claro, jaja) de la cantidad de temas sobre los que he escrito. Algunos son de mis posts favoritos. Digamos que es una buena ocasión para sacar de golpe un montón de posts de la recientemente inaugurada sección "El baúl de los recuerdos".
***

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31 octubre 2009

La Rebelión de los Grifos...

Hoy es Halloween (qué novedad..), pero no hablaré de esta fiesta de la que no soy muy seguidora, prefiero compartir con vosotros una vieja anécdota que me sucedió hace unos cuantos años en uno de los campamentos en los que fui monitora.

Os pongo en situación: Cada verano, hacíamos dos campamentos, uno urbano en Piedras Redondas, un barrio de Almería, y otro rural, en un pueblo de Granada. Pues bien, el extraño suceso se desarrolla en Huetor Santillan, un pueblo situado en la Sierra de Huetor, durante el campamento rural. 10 adultos, entre monitores y equipo de cocina y 30 ó 35 niños de entre 13 y 14 años ( por cierto, los más difíciles de controlar, jajaja...) en un caserón grande, durante 1 semana.

Luis y Diego, dos de los monitores, llevaban los tres días que llevábamos de campamento bromeando con que la casa estaba medio poseída por Candi. Enseguida os la presento. Candi era “Sor Cándida”, una monja cuyo cuadro estaba en una de las salas de la casa, y la verdad
que daba un poco de miedo verla, porque era una imagen un poco antigua, un tanto tétrica... Así que los dos se lo pasaban pipa intentando meter el miedo en el cuerpo a las monitoras; que si Candi nos acompañaba en todos nuestros movimientos, que si además de ella, había más “fantasmas”, y ¿tonterías? del estilo...

El caso es que, a mitad del campamento, nos sucedió algo que.... aysss! Se me ponen los pelos de punta cada vez que me acuerdo! Se acercaba el anochecer, todos los monitores estábamos en la planta de abajo con todos los niños, si no recuerdo mal, organizándolos para que se preparan para la cena y las actividades que hacíamos por las noches. De repente, escuchamos un ruido arriba. “¿y ese ruido? Si estamos todos abajo...” pensé. Así que Luis, María la Magdalena (conservaré tu anonimato...) y yo, decidimos subir a ver qué era. En buena hora, con lo cagueta que soy yo...

Luis iba el primero. Empezamos a subir las escaleras sigilosamente y con un poco de nervios también, sobre todo, María M. y yo. Cuando llegamos a la planta de arriba, advertimos que el ruido procedía de la barraca, el dormitorio grande donde dormían todos los niños. Entramos y el ruido se escuchaba cada vez más fuerte. En uno de los cuartos de baño, alguien se había dejado el grifo de una de las duchas abierto. ¡Ufff, qué alivio sentimos al descubrir que ahí acababa el misterio! Sin más, cerramos el grifo y nos fuimos.

Y cuál sería nuestra sorpresa que, justo cuando nos disponíamos a salir de la habitación, de repente, volvimos a escuchar el ruido de un grifo abierto. Volvimos sobre nuestros pasos. Otro grifo abierto, de otra ducha. ¡ Madre mía! y esto..?

En la barraca había dos cuartos de baños con 5 ó 6 duchas y 5 ó 6 lavabos cada uno. Revisamos todos los de uno de ellos, asegurándonos de que todos y cada uno quedaban bien cerrados y, mientras estábamos en ello, empezamos a oír el ruido de grifos abiertos en el otro cuarto de baño. Llegamos al otro baño y, efectivamente, había un par de grifos abiertos y una de las duchas. Con la cara un poco descompuesta ya ante lo desconcertante de la situación, de nuevo, nos dispusimos a lo mismo, a revisar cada grifo y dejarlos bien cerrados. Y de repente... "No puede ser! Más grifos abiertos?!!!" De nuevo, del primer cuarto de baño, que justo hacía dos minutos acabábamos de revisar.

“Pero qué coño está pasando aquí?” – dijo Luis-. Es que se han vuelto locos los grifos?". Parecía que alguien activaba el botón de “encendido” y abría los grifos aleatoriamente, como creando
una sinfonía musical. Salimos hacía el pasillo, y vimos llegar a Diego, que venía en nuestra busca al ver que tardábamos en bajar.

“Diego, aquí esta pasando algo raro...” - le dijimos los tres apresuradamente.

Antes de seguir, tengo que contaros que Diego es psicólogo, y es como muy científico y bastante escéptico con este tipo de cosas. Hasta que no encuentra una explicación lógica, no se queda tranquilo....

“- ¡Diego, Diego, que
aquí está pasando algo extraño! Que los grifos se abren y se cierran solos, a su antojo! “

- Anda ya! No digáis tonterías, hombre! cómo se van a cerrar y abrir los grifos solos? No será que alguien se dejó un par de grifos medio abiertos sin darse cuenta?

- No!! – contestamos enérgicamente los tres! Hemos comprobado y recomprobado que estaban bien cerrados y, a pesar de ello, han vuelto a echar agua a toda presión algunos!

- Pues, que queréis que os diga pero eso no tiene mucho sentido... Aún así, vayamos a ver...”

Una vez más, nos dispusimos a entrar en los cuartos de baños. Diego iba el primero (en plan “Juan Sin Miedo”...), detrás Luis, y las últimas, María M. y yo, agarradas de la mano pues, como ya dije al principio, soy (somos) muy miedosas....

Todo estaba en calma. Diego revisó uno por uno todos los grifos. Todos cerraditos y en el más absoluto de los silencios... Tardó menos que un plis en empezar a decirnos que estaba todo bien, que habría sido que no los habíamos cerrado del todo, bla, bla, bla... Mientras, nosotros tres, con caras de “ vale, me encanta! Ahora parece que son paranoias nuestras, hombre!”...

Y justo cuando íbamos a salir de la barraca.... “Frasssssshhhh! Frassssssssshhh! Frasssshhhh!!! De nuevo, grifos abiertos!! Varios de ellos, en los dos cuartos de baño, abriéndose y cerrándose sin ton ni son! Diego no tuvo más remedio que empezar a flipar como lo habíamos hecho nosotros minutos antes.... Por nuestra parte, nuestras caras reflejaban dos cosas: satisfacción, por demostrarle a Diego que no estábamos locos y, una vez, más, desconcierto.

Una vez más, empezamos a cerrarlo todo. Por fin parecía que todo se había quedado tranquilo. Así que, nos disponíamos a irnos para abajo, donde estaban todos esperándonos. Y entonces fue, cuando nos llevamos el último susto.... En el otro ala de la casa, había un pequeño cuarto de baño, para el uso de los monitores. Ahora era ahí donde, mágicamente, por el grifo del bidé el agua estaba corriendo a toda pastilla.

Recuerdo que a mi, de puro nervio, me entró la risa y a María M. el llanto. Y a Diego y a Luis, probablemente, les entrara descomposición de barriga aunque no se lo dijeran a nadie, jajaja... María M. lo cerró y nos fuimos directos para abajo, sin querer saber más del asunto.

Los demás monitores al ver nuestras caras, un tanto blanquecinas, no tardaron en preguntarnos qué pasaba, aunque nosotros no quisimos decir nada en ese momento, porque estaban allí todos los niños.

Decidimos continuar con la marcha de lo que restaba de día, como si nada extraño hubiese pasado. Cenamos, hicimos la actividad de la noche con los niños en el porche, el rato de oración, los acostamos a todos y, por último, la reunión de monitores para la evaluar el día. Parecía que todo había vuelto a la normalidad.

Terminada la evaluación, los monitores, aunque no todos, solíamos quedarnos para charlar un rato, tomarnos alguna copichuela, en definitiva, para relajarnos y divertirnos un rato, después de un una jornada agotadora. Cómo no, Luis, Diego, María M. y yo, éramos de los que siempre nos quedábamos trasnochando a diario.

Uno de los monitores, Alberto, fue a la cocina por algunos snacks y por la coca-cola y la botella de ron (celosamente escondida,jejeje..). Al volver, comentó: “ quién ha sido el último que ha estado en el lavadero? Porque se ha dejado el grifo de la pileta abierto?”. Los cuatro nos miramos al instante. Les contamos lo que nos había sucedido horas antes, pero parecía que no nos echaban demasiada cuenta.

Cuando hubo que ir por un poco más de
hielo, nadie quería levantarse y lo echamos a suertes. Vaya por Dios, me tocó a mi! Maria M. y Luis vinieron conmigo porque la verdad es que yo no me atrevía a ir sola, jajaja... Y cuando llegamos a la cocina, el grifo del fregadero... abierto! Lo cierto es que ya empezaba a ser un tanto desesperante.

De lo cagados que estábamos (sobre todo, los cuatro que lo habíamos visto), esa noche ni nos duchamos porque, como ya estaban todos los niños durmiendo y algunos monitores, en la planta de arriba había que ir a oscuras, sólo con la luz de un pequeño quinquel; así que preferimos hacerlo a la mañana siguiente, con la “maravillosa y segura” luz del día.

Por fin llegó la hora de irnos a dormir. Diego, Luis, María M y yo dormíamos en la misma habitación. Como estábamos rendidos, enseguida nos dormimos. Diego, dormía en la cama de al lado mía. Dormía con una linterna enganchada en la mano, porque siempre se levantaba en la noche para ir al baño, y así no se tropezaba con nada ni despertaba a nadie al encender la luz.

Inmersos todos en un profundo sueño, de repente, a Diego no se le ocurre otra cosa que pegar un salto de la cama, encender la linterna alumbrando hacía la ventana y gritar a todo pulmón... “Quién anda ahiiiiiií?!”. Lógicamente, todos nos despertamos sobresaltados, más bien con el corazón en la boca, del susto que nos acababa de meter!

“- Diego, por Dios, qué coño haces?!!!!
- Joderrrr, que he visto a alguien en la ventana!!!
- No hay nada, ni en la ventana ni fuera” – le dijimos cuando nos asomamos.
- Pues os juro que yo he visto a alguien o, no sé, el reflejo de alguien o de algo, pero yo he visto algo, eso seguro!!
- Chiquillo, habrá sido una pesadilla. Es normal, después de la sesión de sustitos que hemos tenido hoy. Sigamos durmiendo, por favor, que sólo quedan 3 horas para que nos suene el despertador”.

Con alguna que otra dificultad, conseguimos volver a dormirnos poco a poco.

A la mañana siguiente, sonó el despertador, nos pegamos una buena ducha para espabilarnos y empezar un día más de campamento con los niños. El día transcurrió sin el menor atisbo de extrañezas. No más grifos abriéndose y cerrándose, ni más ruidos extraños, ni más sobresaltos en la noche. Si la casa tenía duendes o fantasmas juguetones o a una Candi con ganas de bromear, sin duda, parecía que se habían cansado ya de jugar con nosotros. Nunca encontramos explicación lógica alguna a lo de aquél día, y como ya no había vuelto a pasar nada extraño, decidimos no darle más importancia al asunto.

El último día de campamento, cuando estaba ya todo recogido, todos los niños estaban ya en el porche con sus equipajes y sólo faltaba que los monitores de mi habitación bajáramos nuestras mochilas, nos sucedió algo extraño.

Diego y Luis, bajaron sus equipajes y ya sólo quedábamos arriba, Maria M., que era la jefa del campamento, y yo, que estábamos revisando que todo estaba correcto y ordenado. En todas las habitaciones había un crucifijo colgado en la pared. Entramos en nuestra habitación por nuestras mochilas, pero cuando ya nos íbamos a ir para abajo, nos acordamos que nos habíamos olvidado unos papeles. Cuando volvimos a la habitación, el crucifijo estaba encima de la mesilla de noche. Las dos nos miramos atónitas, cogimos los papeles y nos salimos pitando para abajo.

Yo no sé cómo llegó el crucifijo hasta la mesilla de noche... lo que sí sé es que, minutos antes, estaba colgado en la pared; que tampoco se cayó porque no oímos absolutamente ningún ruido, y que tampoco era posible que alguien pudiera haberlo puesto ahí porque estábamos solas y hubiéramos visto a cualquiera que hubiera subido, porque desde todas las habitaciones se veía perfectamente la escalera. Y ni yo lo puse allí, ni lo puso María M, pero lo cierto es que, allí estaba...

Cuando se habla de sucesos paranormales o vivencias extrañas, yo no sé si creer en ellas o no, pero lo cierto es que desde entonces, el asunto, cuanto menos, me da que pensar porque lo que nos pasó en aquella casa ese día sería paranormal o no, pero, desde luego, raro y desconcertante sí que fue y nadie me puede decir que no fue algo extraño porque yo lo ví con mis propios ojos!

Como decían en Expediente X... La verdad está ahí fuera...

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2 cositas:

La más importante de todas: QUIERO DEDICARLE ESTE POST (aunque sea un poco "hallowweenesco", jaja..) A MI QUERIDA MAMI, que hoy es su cumple!!! FELICIDADESSSSSSSSSS, MAMÁ!!!! TE QUIERO MUCHOOOOOOOOOO!!!

Y la otra, deciros que
espero que hayáis disfrutado de este post que también he sacado hoy del baúl de los recuerdos (pues ya lo publiqué hace un par de años).

Espero, al menos, haberos entretenido un rato, a pesar de que haya sido un poco largo (que se que más de uno igual lo ha dejado a la mitad, jaja).
Siento estar un poco desconectada de la blogosfera, tanto en mi blog como en los vuestros; es por circunstancias ajenas a mi voluntad, ya vendrán tiempos en los que pueda estar más presente...

Mientras tanto, espero que no os olvidéis de mi, eh??

Nada, chicos, que disfrutéis mucho de este finde, que es un poquito más largo de lo normal!

Besos a todos!

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12 octubre 2009

Palabroterapia...

¡Pues sí, amigos, otra vez! Estos días la cosa va de crear nuevas secciones en el blog. Ésta se va a llamar: EL BAÚL DE LOS RECUERDOS. Ahora que no tengo demasiado tiempo para ponerme a escribir cosas nuevas se me ocurre volver a sacar a la paestra cosas que escribí hace tiempo que, o bien, pasaron un tanto desapercibidas en su momento, o bien, no habéis leído porque hicísteis el gran descubrimiento (de mi blog, jajaja) más tarde. Aquí os dejo un post un poco surrealista que, además, me trae muy buenos recuerdos. Espero que os guste.

PALABROTERAPIA (16/05/2007)

Pues sí, definitivamente, padezco de insomnio. Mis dificultades para conciliar el sueño, a veces, llegan a sacarme de quicio. Básicamente, el dichoso motivo es que cuando me echo a dormir no soy capaz de concentrarme; no consigo concentrarme en el simple hecho de dormir (¡con lo fácil que parece!). Le doy tantas vueltas a todo, importante o no, que no soy capaz de decirle a los pensamientos que pululan por mi mente: “¡Hasta luego, Lucas! ¡¡Mañana, más!!!”

He probado decenas de remedios naturales; duchas relajantes, todo tipo de infusiones (y eso que las odio!), valeriana, que también es natural, leer, poner la teletienda, hasta contar ovejitas... y nada, mi insomnio me dice que “nanai de la china"!

El caso es que tengo un amigo que dice que hay palabras que relajan. Sí, sí, que relajan. Él lo llama Palabroterapia. Al poco tiempo de iniciarme como blogger, hice una pequeña reflexión acerca del valor de las palabras pero desde luego, hasta ahora, no había contemplado la posibilidad de la existencia de palabras con efectos relajantes...

- No tienes muy buena cara, qué te pasa, Angie?
- Ufff, tío! Que llevo unos días durmiendo fatal. No consigo dormirme antes de las 4’00 de la mañana y claro, el cansancio comienza a hacer estragos en mi.
- ¿Otra vez con insomnio? ¡Vaya tela! Pues eso tienes que solucionarlo, tía.
- Ya, pero y qué le hago? Los remedios naturales no me sirven de nada y tengo claro que no voy a tomar pastillas para dormir. Prefiero aguantarme.
- Pues sabes, yo que tú probaría lo de las palabras que relajan.

- Lo de las palabras que relajan ¿ y se puede saber qué porras es eso?
- Pues eso, que hay palabras que relajan. Tú, cuando necesites relajarte un poquito, respira hondo y di en voz alta, clara y pausada “Bradli” (seguramente, no se escriba así pero bueno, así suena..) “Bradli”, Bradli”... y ya verás como, poco a poco, vas entrando en un placentero estado de relax.
- ¿Estás seguro? ¿Cómo va a relajar eso, Jose?
- Que sí, Angie, tú hazme caso y ya verás.
- Mmmmm...
- También puedes utilizar otras palabras. Glasgow, por ejemplo.
- ¿Glasgow?
- Sí, sí! Y si las vas combinando, mejor aún! “Bradli, Bradli, Glasgow, Bradli, Glasgow, Glasgow, Bradli”... y así, al poco, verás como te duermes.
- ¿Te estás quedando conmigo, no?
- ¡Que no, chiquilla! ¡Ah! Y para casos extremos... “erre que erre, erre que erre” también relaja.
- ¡Ja, ja, ja... No puedo contigo! ¡Lo tuyo es de psicólogo, tío!
- Sí, sí, lo que tú quieras, pero tú acuérdate de esas palabras cuando no puedas dormirte...

La otra noche, allí estaba yo, acostada y, una vez más, sin poder pegar ojo. ¡Ni tila, ni lectura, ni ovejitas que valieran! Y entonces, me acordé de la conversación que tuve con mi amigo...

“Caray, Angie! ¿y si pruebas lo de las palabras que relajan? ¿Será verdad? ¿Cómo era? ¡Bradli, Bradli, Glasgow, Glasgow..! ¡Aysss! ¿y cuáles eran las palabras para casos de necesidad? ¿“Ábrete Sésamo”? no, eso era lo de Alibabá. ¿”1+1 son 7”? Anda no, que eso era lo de Los Serrano. ¡Lo tengo! ¡“Erre que erre, erre que erre”!...

Y allí estaba yo, en mitad de la noche oscura y silenciosa, recitando las palabras ¿mágicas? Venga, Angie, respira hondo y....

“Bradli, Bradli, Glasgow, Glasgow, Bradli, Glasgow, Bradli, Bradli”

respira hondo y...

“Bradli, Bradli, Glasgow, Glasgow, Bradli” “erre que erre, erre que erre, erre que erre, erre que erre”...

A estas alturas del post, seguramente estás pensando “ el amigo de Angie estará colgado pero ella más todavía por creerle”. Puede... No te contaré si me funcionó, mejor me lo cuentas tú porque, de una cosa estoy segura... Cuando necesites relajarte, me apuesto lo que sea a que te acuerdas de mi y de este post, así que... Ya me contarás cómo te fue a ti la palabroterapia...! :P

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