
Ella abrió la puerta de aquella habitación. Nunca había estado allí, pero por algún motivo que desconocía aquel lugar no le resultaba extraño. La penumbra que salpicaba aquellas cuatro paredes invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar por una marea de pensamientos y sensaciones.
Por su mente comenzaron a pasar a toda prisa multitud de imágenes: su viejo osito de peluche, su mejor amiga de la escuela, su primer beso, la casa del pueblo donde tantos veranos había pasado, la muerte de su abuela, aquella fiesta universitaria donde conoció a su marido, la primera vez que vio la cara de su hija, el accidente...
De repente un resplandor indescriptible empezó a inundar de luz la habitación, su mente se quedó en blanco y sintió una fuerza arrolladora que parecía partir su cuerpo en dos mitades. Entonces se desvaneció.
Silencio total.
Cuando volvió a abrir los ojos, no sabía dónde estaba, ni podía moverse. Tan sólo se escuchaba el pitido constante de aquella máquina con una línea verde en la pantalla...

*****¡He vuelto!