
Ahora mismo, por circunstancias de la vida, escribo frente a un árbol que hay al otro lado de la ventana y que lleva una doble vida. Mientras yo observo atentamente sus ramas, sus hojas, sus pájaros (su ardilla a veces), el árbol se hunde en la tierra, extendiendo sus raíces, que son sus ramas ocultas, hasta lugares que no podemos ni imaginar.
El otro día hubo un atasco en el cuarto de baño y llamamos al pocero. Después de mucho trabajar, localizó el problema lejos de casa, en una alcantarilla en la que se había colado la raíz gigantesca de un abedul. Por lo visto, el volumen de las raíces de un árbol es idéntico al de la copa: tantas ramas aéreas, tantas ramas subterráneas.
Si pudiéramos ver simultáneamente las dos partes de un pino, por ejemplo, comprobaríamos que entre la zona visible y la oculta hay una relación especular. Un árbol, en fin, son dos árboles. ¿Quién manda?, me pregunto ahora. La parte oculta, evidentemente. Si le quitas la raíz, se muere. Pero si quitas las ramas, incluso el tronco, las raíces se ponen a trabajar hasta conseguir otro reflejo aéreo.
Tengo una experiencia propia: corté hace años por la base un limonero que me estorbaba y desde su lado oscuro ha vuelto a crecer otro que ya no me atrevo a rebanar. Tengo mucho respeto a los productos del lado oscuro. Todos los árboles que veo hasta donde me alcanza la vista poseen un alter ego subterráneo que se pasa la vida dando órdenes. Ese alter ego tenebroso es el que decide cuándo se caen las hojas y cuándo vuelven a salir.
A veces me quedo pasmado observando el árbol que hay frente a mi ventana, y cuando se posa en él un pájaro, imagino que otro pájaro subterráneo se ha posado en una de sus raíces. Ahora veo pasar a un hombre junto al árbol. Ese hombre son dos hombres también. Lleva una vida aparente, a la vista de todos, y otra oculta, que sin duda tiene una influencia determinante sobre la visible.
En ese instante, se abre la puerta de la habitación. Es mi mujer, me pregunta si me apetece un té y le contesto sonriendo que sí, gracias. Ella vuelve a cerrar la puerta sin haber visto mi lado oscuro.
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