
Tardamos casi toda la mañana en llegar a Mallaig pues, además de que en las Highlands la carreteras son bastante malas (peligrosas, llenas de curvas, de un solo sentido durante muchos tramos...), los paisajes eran tan fantásticos que nos parábamos cada dos por tres el tiempo que nos apeteciera.

Otro de los momentos mágicos con los que me quedo fue a la vuelta de Mallaig. Se nos ocurrió meternos por una carreterucha, que tenía una señal que decía que a unas 15 millas había un castillo. Dijimos...”vah, son 15 millas sólo, tardaremos poco, vamos a ir a verlo que es tempran

o todavía...”. Pues bien... tardamos dos horas en llegar hasta el lugar (y dos para volver, eh!!!). ¡Ahora, eso sí, han sido las dos horas de viaje mejor empleadas de todo el viaje! Pues el rincón adonde fuimos a parar, para mi, fue el m

ás hermoso, mágico y especial de todo el viaje!
Al darle la vuelta a un camino, ya andando, de repente, vemos una especie de playa, un castillo en ruinas en medio, por un lado agua y verde a raudales, un lago, y a lo lejos,

una casita perdida en mitad de la espesura del bosque, por el otro, como si fuera una playa con la marea baja, surcos en la arena, algas, medio lloviendo como estaba, y con la niebla empezando a bajar. Y una de las cosas más sobrecogedoras: parecía que estábamos en mitad de la nada, en un oasis, siete amigos paseando solitarios por un lugar tan hermoso. Donde lo único que se escuchaba eran los ruidos de la naturaleza, y el eco de nuestras voces cuando gritábamos. Pudimos ir paseando hasta el mismo castillo, casi se nos mata Rafi de un resbalón que dio con el fango, jajaja, pero bueno... ¡Increíble, de verdad!
Y

el otro momento especial con el que me quedo fue el día que fuimos a Oban. Oban también es un pueblo bonito. Pero lo que más me gustó de ese día fue el Stalker Castle, que está de camino a Oban. Allí nos paramos a comer, contemplando estas vistas. Pero, sin duda, lo mejor de ese rato que estuvimos allí fue la sorpresa

que tenía reservada Pablo para Raquel... Estaban apartados y, de repente, vemos a Pablo dándole un anillo a Raquel. Nos

teníais que ver cuando nos dimos cuenta, jajaja... Emocionados, dando saltos, llorando.. un show, vamos, jajaja... Pero es que fue tan bonito y los queremos tanto! Cómo no íbamos a alegrarnos... Nos llevamos el resto del viaje celebr

ándolo y brindando con las pintas, jejeje...
En la casa estuvimos cinco días. Después nos fuimos a Glasgow, a un hostal SUPER CUTRE pero muy barato. Con deciros que nuestra habitación se llamaba “Murder” y tenía a Jack pintado en la puerta os lo digo todo, no? jajaja...

Echamos casi todo el día en el camino, pues nos dijeron que merecía bastante la pena, y lo cierto es que lo valían. Eran paisajes totalmente distintos a los que habíamos visto hasta ahora, pero igual de hermosos. Cuando llegamos a Glasgow, ya a la tarde noche, nos fuimos a dar un paseo por la ciudad y a tomarnos unas cervezas en uno de los cientos de pubs que hay por toda la ciudad. Glasgow tiene un ambientazo tremendo! Todo el mundo dice que es una ciudad fea, y nosotros lo que íbamos vie

ndo nos iba gustando, así que no comprendíamos demasiado que tuviera fama de fea. Claro, aldía siguiente lo entendimos cuando llegamos a Edimburgo, que es alucinante! Cada casa, cada monumento, cada jardín es bonito. Su castillo, que es enorme, en lo alto de la colina, en perfecto estado de conservación, gente por todos sitios, etc...
Nos hubiera gustado haber podido disfrutar más de la ciudad! Quisimos haber cogido el hostal allí pero estaba todo lleno. Pero bueno, al menos,

pudimos echar allí el diíta. Ver el castillo nos ocupó gran parte del día. Entramos a las doce y pico del mediodía y salimos a las cinco de la tarde. Así que, básicamente, lo que nos dio tiempo después fue a dar una vuelta por los alrededores del castillo y de vuelta para Glasgow, que está a unos 80 kilómetros de Edimburgo.

Qué rápido pasaron los días! Escocia es espectacular. ¡Hemos visto auténticas maravillas! Cientos de lagos, castillos, bosques, paisajes mágicos, niebla, lluvia, no sé una pasada! Aunque lo cierto es que las cámaras no son capaces de captar la belleza, el color y el encanto de todo lo que hemos visto pero bueno.
Ah, y más de un escocés tremendo a los que la faldita escocesa le quedaba estupenda, jajaja.... Eso fue u

n día que fuimos a una exhibición de deportes gaélicos que hubo en el pueblo. Bautizamos a uno de los que participaba: Jony, que estaba cuadrado, qué tio más grande, por dios, jajaja!
Y luego además, como íbamos siete, pues ya os podéis imaginar los lotes de reír que nos hemos dado a cada momento, pues cuando no decía uno una coña, la decía otro, o el otro se ponía a hacer el payaso un rato, y así todo el día, jajaja...
Lo único malo del viaje han sido el viaje de ida y vuelta, por la cantidad de horas que fueron. Porque a la vuelta también tardamos casi 24 horas. La última noche, después de llegar de Edimburgo, nos fuimos a cenar fish and chip (la comida típica del R. Unido) y al final, nos acostamos a las tantas porque nos quedamos tomando cervezas en el salón del hostal. Así que nos acostamos casi a las 2 de la mañana.
A las cuatro, ya estábamos en planta porque (gran putada para nosotros) el aeropuerto estaba a 50 kilómetros y, para colmo de males, nos habían adelantado el vuelo tres horas y media. A las 8 de la mañana, ya estábamos en un de los aeropuertos de Londres. Y el avión a Sevilla no salía hasta las seis de la tarde (para morirse del asco, vamos...).
No os digo lo laaaaaaaaaaaaargas que se nos hicieron todas esas horas. Nos recorrimos veinte veces todas las tiendas del aeropuerto (por cierto, me compré una boina monísima, super fashion; en algo me tenía que entretener, jeje...), nos tomamos diez mil cafes (me hizo mucha gracia ver un O'Nills allí, en Sevilla hay otro..), maldormimos lo que pudimos, jugamos a las cartas, al mikados, en fin, una desesperación....