30 enero 2012

Frío Invierno...







Hoy tampoco es una noche cualquiera. Este año el invierno está siendo tremendamente crudo. El frío aprieta tan fuerte al caer la noche que cada día comienza a formarse más temprano la cola de indigentes que esperan en el albergue que hay cerca de casa.

El frío de esta noche me ha traído a la memoria un dulce recuerdo que durante años he guardado con celo. Fue el día en que la vi por primera vez. Un día tan gélido como el de hoy. Ofrecía un recital en el Teatro Imperial de Madrid. Con puntualidad británica el teatro quedó en completa oscuridad y se abrió el telón. El público callaba expectante hasta que un cañón de luz alumbró con fuerza en mitad del escenario.

Allí estaba ella. Arropada por el calor de una gran ovación, saludando poderosa a su afición. Exultante, como la rosa que derrocha belleza al estallar la primavera. Vestida con un hermoso traje largo digno de una princesa y su sonrisa más arrebatadora. Del piano de cola comenzaron a brotar notas musicales que la acompañaban y el aire se inundó enseguida de la magia de su voz de seda. Desde aquel instante conquistó para siempre mi corazón. Jamás había visto una mujer tan hermosa como ella.

Como cada día he vuelto a pasar por delante del albergue de camino a casa. Muchos de los que allí esperan ya me son conocidos y al saludarme siempre aprovechan para pedirme unas monedillas. Pero hoy no ha sido una noche cualquiera... Hay caras nuevas y la cola es aún más larga que otros días por culpa del temporal.

Hoy un lánguido susurro que suplicaba limosna me ha dejado helado. Al volver la vista atrás, mis ojos se han cruzado con la mirada de una mujer ya casi anciana, sentada sobre una desgastada bolsa de rafia en la que llevaba sus escasas pertenencias. Allí estaba, arropada por la esperanza de conseguir comida y cama con un poco de suerte. Escondida bajo harapos sucios y malolientes y un semblante de sobrecogedora tristeza.

Hoy una voz que no lograba camuflar que hace años fue dulce y aterciopelada me ha dejado helado.




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20 octubre 2011

Me Encanta...




Me encanta...

... cuando te duermes en mis brazos.
... cuando te hago cosquillas y empiezas a reírte nervioso antes de que te toque.
... cuando me haces caracolitos en el pelo.
... cuando me aprietas fuerte, fuerte al abrazarme.
... cuando me ves por primera vez hacer algo y me preguntas lleno de curiosidad qué hago.
... cuando jugamos juntos.
... cuando te ríes a carcajadas.
... cuando me despiertas con un beso.
... cuando me dices que me quieres dos.
... cuando hablamos por teléfono y me dices que tienes ganas de verme.
... cuando me ves llegar y sales corriendo para que te coja en brazos.
... cuando me ayudas a coger jazmines.
... cuando te escondes en algún rincón y apareces por sorpresa para darme un susto con tus “buuuuuuuú”.
... cuando me cuentas que en la guardería te lo pasas pipa.
... cuando me miras con esos ojazos llenos de luz.
... cuando me agarras de la mano cada vez que vamos de paseo.
... cuando me das un “muá” sin que yo te lo pida.
... cuando saludas al “Señol” cada vez que pasas por el cuarto de los abuelos y ves la figurita en la pared.
... cuando me dices que eres mi chinito de amol.
... cuando te pregunto si te columpio “flojito o fuerte” y tú siempre contestas a todo pulmón... “¡fueeeeeeeeeeeeete!”.
... cuando me dices que cantemos la gallina turuleta, Don Pepito y Don José o la canción de la margarita.
... cuando te veo mirar entusiasmado una procesión, disfrutando a tope de la banda de música y tirándole besos a la “Vinchen” y al “Señol”.
... incluso cuando me pones la cabeza un poco loca con el piano, el tambor, los platillos o la flauta.
... cuando me llamas tita.

Por todos estos motivos y muchos más...
Por todo el amor que me regalas...

... ¡ME ENCANTAS TÚ!
Dedicado a la persona que más amor genera en mí desde hace algo más de dos años... Mi sobrino Perico. ¡Te quiero dos, cariño mío!

12 septiembre 2011

A Veces Me Pregunto...


A veces me pregunto si crees verme entre los rostros de una calle cualquiera; si alguna vez me dibujas en tus sueños.

A veces me pregunto si crees oír mi voz susurrándote al oído; si alguna vez me esperas al otro lado del teléfono.

A veces me pregunto si crees sentir el calor de mi cuerpo navegándote; si alguna vez tu piel se estremece recordando mis caricias.

A veces me pregunto si crees saborear el néctar de aquellos besos que nos dábamos; si alguna vez me has besado en otras bocas.

A veces me pregunto si crees oler el aroma de mi cuerpo enredado entre tus sábanas; si alguna vez te embriagas de mi esencia de mujer.

A veces me pregunto si crees que la vida volverá a juntar nuestros destinos; si alguna vez has deseado volver a mi.

A veces me pregunto si crees que tomaste el camino equivocado; si alguna vez te has arrepentido.

A veces me pregunto si me habrás olvidado hace tiempo
...




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***


Quiero dar las gracias a las dos personas que, sin saberlo (ni lo van a saber, jaja), han sido la fuente inspiradora de este texto...


A una vieja amiga, por traerme a la cabeza con sus confesiones, una frase corta pero con sustancia, que me ha estado rondando en la cabeza desde hace algún tiempo porque sabía que se le podía sacar jugo ("A veces me pregunto si piensas en mi...").


Y a Manuel Carrasco, por sus canciones, que tantísimas veces he escuchado y tantas emociones produce en mi interior.


Y también agradecer la imagen al blog de Jorge (www.jorgenunez17.blogspot.com), que ya sabe él que me encanta "robarle" las fotos que va encontrando por la red, jejeje...


No creo que tarde mucho en publicar de nuevo, hay otra frase que también viene rondano mi cabeza últimamente..."Me encanta..."

Mañana...

A los que siempre les gustó mi parte más romántica...¡Atención!



¡Mañana volverá Angie en estado puro!

¡Por fin llené la cantimplora! ¡Cómo echaba de menos escribir! Era cierto.. sólo era cuestión de sentarse y dejarse llevar...

De mañana no pasa que lo publique, que ahora no me da tiempo. ¡Prometido!

01 septiembre 2011

La Habitación...


Ella abrió la puerta de aquella habitación. Nunca había estado allí, pero por algún motivo que desconocía aquel lugar no le resultaba extraño. La penumbra que salpicaba aquellas cuatro paredes invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar por una marea de pensamientos y sensaciones.



Por su mente comenzaron a pasar a toda prisa multitud de imágenes: su viejo osito de peluche, su mejor amiga de la escuela, su primer beso, la casa del pueblo donde tantos veranos había pasado, la muerte de su abuela, aquella fiesta universitaria donde conoció a su marido, la primera vez que vio la cara de su hija, el accidente...


De repente un resplandor indescriptible empezó a inundar de luz la habitación, su mente se quedó en blanco y sintió una fuerza arrolladora que parecía partir su cuerpo en dos mitades. Entonces se desvaneció.

Silencio total.


Cuando volvió a abrir los ojos, no sabía dónde estaba, ni podía moverse. Tan sólo se escuchaba el pitido constante de aquella máquina con una línea verde en la pantalla...

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*****

¡He vuelto!