
Hace un par de días vi "Más allá de los sueños", una película de Robin Williams que me gustó mucho, entre otras cosas, porque me hizo pensar y reflexionar un poco sobre el tema. La película trata de la vida y la muerte, del destino, que nos pone en un momento y lugar determinados con los efectos fantásticos o nefastos que ello puede tener para uno mismo y los demás, da una visión de cómo podría ser la vida tras la muerte, cómo podría ser el paraíso, y si ese paraíso lo vas a compartir o no con tu otra mitad, tu alma gemela.
Hay gente que no cree que haya nada después de esta vida, que no cree en Dios que, simplemente, no cree en nada y, quizá, si leyera esto, pensaría que es una solemne tontería. Y me parecería respetable que así lo pensara puesto que cada uno puede creer o no en lo que le plazca. Yo, personalmente, creo en ambas cosas, en Dios y en que después de esta vida hay algo más. ¿El qué? no lo sé porque, afortunadamente, aún estoy disfrutando de ésta, pero me gustó mucho la idea que plantea la película sobre ello, la idea de que cada uno de nosotros pudiese imaginar su paraíso particular y pudiera ir "más allá de los sueños" y convertirlo en realidad al abandonar este mundo.

Para el protagonista, el paraíso era una pequeña cabaña a los pies de un hermoso lago, rodeado de montañas, en un paraje inundado de colores, una naturaleza suavemente tornada a dorada cada atardecer por los tenues rayos de un sol poniente. Un paraje donde, sobre todo, reinaba la paz y la tranquilidad y donde la brisa jugaba con la alborotada melena de su amada esposa, que paseaba en un pequeño barco por el lago.
La esposa, que era pintora, plasmó ese paisaje de ensueño en un cuadro lleno de luz y color porque representaba el instante mágico en que el destino cruzó sus vidas y fue testigo del nacimiento de su amor uniéndolos para siempre. Esa estampa representaba la felicidad para aquel matrimonio y me pareció preciosa la idea de que, aunque con sus dificultades a lo largo de la película que no desvelaré, la posibilidad de hacer realidad el sueño de que esa felicidad se hiciera eterna.
A pesar de que, últimamente, he pensado bastante en la muerte, a causa de la muerte reciente de mi abuela y de mi abuelo, la verdad es que nunca me paré a pensar cómo me gustaría que fuese mi paraíso particular; hasta ahora, sólo había pensado en cómo me gustaría que fuera mi paraíso terrenal, pero ver esta película me hizo pararme a imaginar cómo desearía que fuese.
Siempre me llamó la atención un cuadro que hay en mi casa porque de pequeña me preguntaba qué habría al final de ese pasillo de bóvedas y columnas. Así que supongo que la puerta de entrada a mi paraíso particular podría ser esa. Daría acceso a un lugar tranquilo; lejos del bullicio de esta vida urbana, probablemente junto al mar, porque su sonido me relaja, donde cada día pudiera disfrutar del más bello atardecer; un lugar donde, cada vez que sintiera nostalgia de mi tierra, pudiera respirar hondo y oler a azahar; donde los granos de arena fueran de chocolate y donde el arco iris siempre brillara en el horizonte; un lugar donde sólo pudieran existir sentimientos puros; un lugar que pudiera compartir con el amado que llegará, con mi alma gemela, y donde todas las personas que fueron importantes en mi vida también lo fueran en mi eternidad; y por último, y en cumplimiento a una creencia que se remonta a mi infancia, en ese lugar habría un libro que guardaría las respuestas a todas las preguntas que me quedaron sin responder a lo largo de mi vida. No sé por qué pero siempre he pensado, quizá (probablemente) absurdamente, que cuando uno muere, descubre todos los misterios, secretos y enigmas de la vida y de su vida, en definitiva, la verdad y los porqués de todas las cosas que se quedó con ganas de saber.


No sé si este imaginado paraíso particular, irá variando en mucho en poco o en nada con el paso del tiempo; si Dios quiere, espero descubrirlo dentro de muchos, muchos años.
