Después de disfrutar mucho de mi tan esperada Feria de Abril y habiéndome recuperando en parte del cansancio (los años no pasan en balde y la capacidad de recuperación es inversamente proporcional al cumplimiento de años, jaja..), por fin retomo el blog y vuelvo a publicar, cosa que por otra parte ¡me apetecía mucho!
Nuestra querida Happy Eyes, me tenía una sorpresa preparada para mi vuelta así que, como no podía ser de otra forma, este post que ahora publico es pura y absolutamente culpa suya, jaja...
Ha tenido la fantástica idea de volver a repetir un exitoso experimento que el año pasado se me ocurrió hacer en mi blog y del que alguna vez habíamos hablado diciendo que estaría divertido volverlo hacer. El experimento consistía en escribir una historia entre varios blogueros, lo cual resulta ser bastante interesante para todos los que participan: es curioso ver cómo se va imaginando la historia cada bloguero que colabora y al final ver que la cosa acaba de forma totalmente distinta a cómo uno la había imaginado.
En fin, no me enrollo más, que siempre me pasa igual, jajaja...
Antes de pasar al relato, quería decir que me alegro mucho que Happy haya tomado la iniciativa de escribir la primera parte de la historia, que haya contado conmigo para escribir la segunda parte (cosa que al principio me agobió un poquillo porque cuando te tienes que ceñir a escribir sobre algo, al menos a mi me pasa, que me cuesta más trabajo inspirarme y puedo bloquearme más facilmente), que me alegro de haber sido capaz de superar el reto y que espero que le guste a todo el que lo lea y estar a la altura de las expectativas tanto de Happy como de todos aquellos que ya leyeron la primera parte en su blog.
Y sin más dilación aquí os dejo la primera parte y a continuación la segunda parte, que es la que me ha tocado a mi y a la que, humildemente, he intentado dar un poco de emoción y suspense (¡espero haberlo conseguido!).
1ª PARTE
(escrita por Happy Eyes)
Viajó de Madrid a París. Alex era una chica que quería ser como su musa Coco Chanel. Usaba su perfume, los cosméticos de su firma, y aunque no se podía permitir vestirse con tanto glamour, escondía las etiquetas de una falsa firma que plagiaba a Chanel. Total, ¿quién iba a darse cuenta?
Sus amistades no compartían su afición por la moda, ni por el lujo, ni siquiera gustaban del mismo tipo de hombres. Buscaba a su Capel...
Y ahora estaba allí con su maleta de piel frente a la torre Eiffel. Pidió un taxi que la llevo a un pequeño hotel, y una vez retocado su estilismo, salió a explorar las calles de París.
El vestido resaltaba su figura. El sombrero escondía su profunda mirada y sus pies estaban firmes sobre unos vertiginosos tacones.
Miró su agenda y dibujó una carita sonriente al lado de una dirección que previamente había escrito. Había llegado al restaurante que recomendaban todas las guías turísticas parisinas: La Tour d’Argent.
El camarero se acercó hasta la joven, y aunque reconoció que no era una mujer francesa y estaba dispuesto a explicarle los diferentes platos que podía degustar, ella le contestó en un perfecto francés.
Pidió primeramente una copa de Oporto, acompañado de unos canapés. Seguidamente una ensalada y de segundo un pescado, junto con una ración de queso que el camarero muy amablemente le sirvió, ya que se trataba de una costumbre francesa, que por supuesto ella esperaba. Finalmente terminó su velada con un pedazo de tarta y un café solo.
No podía dejar de vislumbrar la belleza que desprendía la torre Eiffel hasta que fue inoportunamente interrumpida....
2ª PARTE
(escrita por mi)
... Una inesperada mano gélida se plantó en su hombro con tanta brusquedad que rápidamente la bajó de la nube imaginaria a la que Alex se había subido para disfrutar mejor del encanto que le inspiraban las calles parisinas.
-¡¿Florian?! ¡Joder, qué susto me has dado! –exclamó tras el sobresalto- He estado esperándote más de una hora. ¿Me puedes explicar por qué me has dado plantón? –profirió con cierto enfado.
-¡Sabía que te encontraría aquí aún! – respondió apenas sin habla.
La cara desencajada de aquel joven desgarbado y esa respiración jadeante y entrecortada alertaron a Alex.
- ¿Te pasa algo? ¡Tienes cara de haber visto un fantasma!
-¡Schhhh! ¡Calla! ¡No tenemos tiempo de explicaciones! ¡Me persiguen!
-¿Cómo que te persiguen? ¡¿De qué estás hablando?!
De repente Florian miró hacia atrás.
-¡Mierda!... ¡Se acercan!... ¡¡¡Corre!!! – exclamó agarrándola de la mano a toda prisa.
El desconcierto se apoderó por completo de Alex, que corría atropelladamente tras su amigo por culpa de sus tacones, asustada y sin saber de qué huían.
Al final de la calle aparecieron dos hombres vestidos de un negro riguroso dando zancadas de más de medio metro dadas su considerable estatura. Saltándose semáforos, esquivando coches y más de un empujón Alex y Florian intentaban perderse entre la muchedumbre, pero aquellos hombres cada vez se acercaban más y por momentos parecían pisarles los talones.
Se metieron en una callejuela que daba a una plaza grande llena de puestecillos ambulantes. Como todos los sábados, el mercado estaba a rebosar de gente; se adentraron rápidamente en él, intentando borrar su rastro entre el bullicio, pues aún no habían logrado despistar a aquellos hombres que parecía que tenían un radar en la cabeza para volverlos a localizar cada vez que los perdían de vista al doblar una esquina o llegar a un cruce de calles.
-¡¿Florian, por qué nos persiguen esos hombres?! ¿Qué quieren de ti? ¡Dios mío, qué pasará si nos alcanzan?! – le preguntó mientras salteaban a la gente.
-¡Me persiguen porque tengo algo que están buscando y hasta que no lo consigan no van a parar! Lo que guardo en mi poder es algo que vale millones: ¡incluso hay gente que sería capaz de matar por ello! – contestó Florian señalando el pequeño maletín de piel con el símbolo de Chanel en la delantera que llevaba atravesado en el pecho.
-¡¿Pero qué me estás contando?¡¿Cómo que podrían llegar a matarte por conseguir lo que llevas escondido ahí?! ¡¿Qué puede haber tan importante?!
-¡Muy sencillo! Hace poco descubrí... –Y antes de desvelarle el misterio, Florian vio que sus perseguidores estaban ya demasiado cerca y sin perder ni un segundo decidió jugárselo todo a una sola carta.
-¡Alex, deprisa! ¡Cógelo y escóndete! ¡Ellos no saben quién eres, ni siquiera te han visto la cara! ¡Te será más fácil escapar! –dijo dándole el maletín – En uno de los compartimentos encontrarás una pequeña agenda, uno de los nombres apuntados es Eugène; trabaja conmigo y somos buenos amigos; es la única persona en quien puedo confiar; ¡llámalo! ¡él sabrá cómo ayudarte!
-¡Pero Florian..!- gritó presa del miedo.
-¡Por favor, tienes que ayudarme! ¡No pierdas más tiempo! Te buscaré cuando llegue la noche, no te preocupes, no nos atraparán a ninguno, pero es mejor separarnos. ¡¡¡¡Corre!!!- dijo el francés apretándole afectuosamente las manos.
Cada uno prosiguió en una dirección.
Mirando atrás una y otra vez para ver si la perseguían, Alex continuó su camino apresurada, sin saber muy bien qué hacer, hasta que se percató de un escondite que podría funcionar. O quizá no, pero entre el susto por la sordidez de aquella trepidante persecución y que no estaba acostumbrada a tanto esfuerzo físico, creía que se iba a morir de un infarto si seguía corriendo.
Consiguió esconderse sin que nadie lo notara y allí, oculta bajo aquel tenderete lleno de restos de verduras y fruta en mal estado, casi sin aliento y con el corazón latiéndole tan rápido que parecía que se le iba a salir por la boca, Alex no podía creer lo que acababa de vivir.
Florian era un refinado joven francés al que conocía desde hacía años, cuando salían de fiesta en las noches locas de Madrid durante la época en que vino a la capital española a trabajar para Devota & Lomba. Siempre habían congeniado muy bien: era el único de sus amigos que entendía su amor por la moda y el glamour que desprendían los grandes mitos de ese mundo.
Llevaban algún tiempo sin verse pues hacía algo más de año y medio que a Florian se le había presentado la oportunidad de cumplir su gran sueño de trabajar para su firma favorita, aquella que para él y para muchos era la reina de las reinas: la Casa Chanel.
Alex intentaba mirar a través de aquel tejido translúcido que tapaba los bajos del puestecillo qué había sido de Florian. ¿Lo habrían atrapado?
-¡Dios mío, que haya escapado!¡Por lo que más quieras, que no me descubran! ¡Dios mío, que haya escapado! !¡Por lo que más quieras, que no me descubran! - rezaba a media voz sin parar.
Casi con total certeza de que no le habían visto la cara y con la confianza de que su bonito sombrero verde, que era lo más llamativo de su vestimenta, ya no la delataba porque lo había tirado no sin cierto esfuerzo por ser su favorito y el único que tenía de firma, comenzó a calmarse un poco al ver que llevaba allí escondida al menos veinte minutos sin haber sido descubierta por aquellos hombres; ni siquiera por el tendero, que no había tenido tiempo de parar ni un minuto atendiendo a su extensa e impaciente clientela.
Fue entonces cuando se atrevió a dejar de mirar a través de la tela unos instantes y quiso saciar su curiosidad abriendo el maletín para ver qué había en él. Nerviosa lo destapó con sumo cuidado:
-¿Qué es esto? –pensó mientras sacaba un pequeño cuaderno de dibujo que parecía bastante viejo.
Lógicamente no tardó en abrirlo para ver qué había en aquellas páginas desgastadas. Y de repente su semblante se convirtió en puro reflejo de sorpresa: ¡no podía creer lo que estaban viendo sus ojos!
La amarillez de aquellos viejos papeles no restaba belleza a unos bocetos cuya autoría reconoció enseguida. ¡Aquellos dibujos tenían más de cuarenta años y los había creado nada más y nada menos que su idolatrada Coco Chanel!
Y lo que era más insólito todavía: ¡eran inéditos! Aquellos trajes jamás llegaron a convertirse en obras de arte confeccionadas con lujosas telas; lo sabía porque conocía a la perfección todas y cada una de las colecciones que había sacado la Casa Chanel desde que la fundara su creadora.
No dejaba de resultarle una extraña y a la vez siniestra casualidad que en su primer viaje a París se hubiera topado tan de lleno con el mundo de la moda y mucho menos de aquella manera tan inaudita, que casi era de película.
Absorta ante la conmoción de su hallazgo, pensaba en cuánto dinero podría valer la exclusiva de aquellos dibujos que estaba contemplando escondida en los bajos del puesto de verduras. Y entonces se preguntó cómo llegaron los bocetos a manos de su amigo. Dudaba al pensar si los habría robado o si por el contrario estaba intentando que no cayeran en las manos equivocadas.
Tras deleitarse con todos ellos, siguió mirando en el maletín por si había más cosas: sólo estaba la agenda de la que le había hablado Florian. Nada más cogerla, buscó al tal Eugène. Venía el número de teléfono, la dirección de su casa y la de su correo electrónico.
Ahora que sabía la importancia de lo que tenía en su poder y lo peligroso que eso resultaba ser, no tenía ni la más remota idea de cómo afrontar el lío en el que se había visto envuelta. Sacó de su bolso el móvil, que por suerte aún tenía batería, y se apresuró a llamar a aquel tipo.
-¡Aló!
-¿Eugène? Soy Alex, una amiga de Florian. ¡Necesito tu ayuda!...
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Y hasta aquí la segunda parte de la historia. ¡Ha sido un placer: me he divertido mucho escribiéndola!
Ahora le paso el testigo a nuestro querido Yandros. ¿Qué, te lo he dejado muy complicado? jajajaja... Estoy segura de que a medida que ibas leyendo ibas encendiendo bombillitas en tu cabeza imaginando una tercera y última parte. ¡Estoy IMPACIENTE por ver por qué caminos te llevarás a los protagonistas de esta historia! jejeje...
Para leer la tercera y última parte del relato picha: ”Aquí”